¿Qué está pasando?
Los últimos actos de Jesús preparan a sus discípulos para lo que viene. Los discípulos necesitan saber que Jesús está vivo. Necesitan saber que el Espíritu Santo los capacitará para la tarea que tienen por delante. Y necesitan saber que Pedro sigue siendo el designado para dirigir esta labor.
María Magdalena descubre que la tumba de Jesús está vacía justo antes del amanecer. Corre a contárselo a los discípulos, y Pedro y Juan corren a verlo por sí mismos (Juan 20:1-2). Encuentran vacío el sepulcro de Jesús y por fin comprenden que, como Lázaro, Jesús siempre debía morir y resucitar.
Pero Jesús no se aparece primero a Pedro y a Juan. En medio del dolor y la confusión de María, él se le acerca y le dice con dulzura una sola palabra: su nombre (Juan 20:16). María se da vuelta y se aferra a él. Jesús la designa como la primera testigo de su resurrección (Juan 20:17).
Más tarde, Jesús se aparece a sus discípulos y los comisiona como el Padre lo comisionó a él (Juan 20:21). Antes, Jesús les había lavado los pies para señalar su obra de limpieza en la cruz. Ahora, Jesús sopla sobre ellos, anticipando la venida del Espíritu Santo, quien les dará poder para proclamar la buena noticia (Juan 20:22-23).
Pero algunos no creen. Tomás se niega a albergar esperanzas a menos que vea a Jesús con sus propios ojos. Una semana después, Jesús se aparece tras una puerta cerrada con llave y se dirige directamente a él. Jesús lo invita a ver y a tocar sus cicatrices (Juan 20:26-27). Le dice a Tomás que la vida eterna se basa en la fe, no en la vista.
Jesús se aparece una última vez a los discípulos mientras ellos están pescando.
Jesús había llamado a Pedro a dirigir a los discípulos, pero Pedro lo había negado abiertamente. Jesús restaura a Pedro deshaciendo simbólicamente sus tres negaciones con tres confesiones de amor, y le da a Pedro tres mandatos de cuidar y dirigir al pueblo de Dios (Juan 21:15).
¿Dónde está el evangelio?
Es buena noticia que seamos enviados a contar la buena noticia. Jesús envió a María a los discípulos con la noticia de la tumba vacía. Jesús envió a los discípulos con la promesa del Espíritu. Jesús envía a Tomás con esperanza para los que dudan. Y Jesús envía a Pedro a establecer la iglesia. Esta es buena noticia para personas como nosotros, porque somos personas como ellos: los que están de duelo, los temerosos, los que dudan y los que niegan.
La resurrección de Jesús toma a personas como nosotros y nos convierte en nuevas creaciones. Como María, anunciamos que la tumba está vacía a quienes aún no lo han oído. Como los discípulos, somos llenos del Espíritu de Dios para anunciar el perdón de los pecados. Como Tomás, estamos armados con el testimonio de testigos presenciales para los que dudan. Como Pedro, somos comisionados para dirigir en nuestros círculos de influencia y glorificar a Dios tanto en la vida como en la muerte.
Como diría Juan, hay muchísimo más que podríamos decir sobre la obra de Jesús en su tiempo y en el nuestro, ¡pero ni siquiera internet es lo bastante grande para contenerlo todo (Juan 21:25)!
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo te dé ojos para ver al Dios que levantó a su Hijo del sepulcro. Y que puedas ver a Jesús como el Rey resucitado que te ha enviado a proclamar la buena noticia de Jesucristo.

