¿Qué está pasando?
Pablo acaba de decir que nadie puede cumplir suficientes leyes como para entrar en el reino de Dios o llegar a tener una relación correcta con su creador. Por el contrario, todas las personas experimentan todas las bendiciones de Dios por medio de la fe en Jesús (Romanos 3:27-30). Sin embargo, Pablo prevé que los creyentes judíos pensarán que él está menospreciando e incluso contradiciendo la Biblia hebrea. La ley judía dice explícitamente que los judíos serán bendecidos y considerados en una relación correcta con Dios si obedecen sus leyes (Deuteronomio 28:1-2). Algunos judíos en la época de Pablo incluso señalaban a Abraham como un ejemplo de alguien que obedeció las leyes de Dios tan minuciosamente que Dios lo consideró como alguien en una relación ejemplar con Él y digno de convertirse en el padre de todos los judíos. Pablo les asegura a sus amigos judíos que, al insistir en la fe, no está descartando las leyes judías ni la importancia de Abraham. Al contrario está honrando ambas cosas (Romanos 3:31). Pablo señala que la Biblia hebrea dice que Abraham obtuvo una relación correcta con Dios y la bendición de generaciones de descendientes no porque obedeciera, sino porque tuvo fe (Romanos 4:1-3; Génesis 15:6). De igual manera, el rey más grande de Israel, David, entendió que cuando desobedecemos, la única forma de ser restaurados a una relación correcta con Dios es pedirle con fe que nos trate de manera contraria a lo que nuestras acciones merecen (Romanos 4:4-8). Las figuras más importantes de la Biblia hebrea coinciden en que el pueblo judío recibe una relación correcta con Dios por la fe, no por una obediencia ejemplar.
Y esta lógica no se aplica sólo a los judíos. Pablo señala que Abraham no recibió su relación correcta con Dios ni la promesa de descendencia cuando fue circuncidado, sino cuando técnicamente todavía era un gentil. Esto demuestra que Abraham es el «padre» de todas las personas, sean judías o no. Cualquiera, por la fe, puede unirse a la familia de Abraham, recibir las bendiciones de Dios y tener una relación correcta con Dios (Romanos 4:9-12). Si bien es bueno obedecer a Dios, hacer de la obediencia a las leyes judías un requisito previo para ser incluido en la familia de Dios invalidaría y deshonraría la promesa de Dios a Abraham (Romanos 4:13-14). La Biblia hebrea es clara: la manera en que judíos y no judíos alcanzan una relación correcta con su creador y son incluidos en su familia es por la fe (Romanos 4:15-17).
¿Dónde está el evangelio?
Pablo continúa su argumento con un giro sorprendente. Dice que la fe de Abraham era, en realidad, una creencia en la resurrección. Dios le prometió a Abraham un hijo a su vejez extrema. Sus cuerpos, el de él y el de su esposa, estaban prácticamente muertos. Pero Abraham creyó que Dios podía hacer surgir un hijo de un útero vacío. (Romanos 4:18-21). Fue la fe en la resurrección y en el hijo prometido lo que le aseguró a Abraham una relación correcta con Dios. Y es mediante un tipo similar de fe en Jesús resucitado que podemos recibir nueva vida, ser justificados ante Dios y entrar en el Reino de Dios. (Romanos 4:22-24).
Si has sido seguidor de Jesús desde hace algún tiempo, tal vez te sientas tentado a pensar que, en virtud de tu crianza cristiana o de tu asistencia regular a las reuniones de la iglesia, tú y Dios están en buenos términos. Pero no es así. La razón por la que Pablo dedica tanto tiempo a refutar esta suposición entre sus lectores judíos es porque resulta espiritualmente peligrosa. En nuestro orgullo y presunción, comenzaremos a juzgar a los demás por no ser tan morales como nosotros y, con el tiempo, tal vez empecemos a dudar de si hemos hecho lo suficiente para mantenernos en la gracia de Dios. Los judíos tenían una confianza errónea en la ley. Pensaban que su pertenencia a la familia judía los protegía. Cuando reemplazamos el regalo gratuito que Dios nos ha dado en Jesús por algo que podemos hacer o cumplir, comenzamos a erosionar la confianza que Dios quiere darnos. Dios concede perdón, una relación correcta con él y entrada a su reino de manera plena, definitiva y para siempre a todo aquel que tiene fe en su Hijo resucitado (Romanos 4:25). Y como esto se recibe por la fe y no por la obediencia, podemos estar seguros de que seremos miembros de la familia de Dios y de que estaremos incluidos en su reino para siempre.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que salva a todas las personas por la fe. Y que puedas ver a Jesús como aquel que murió y resucitó para librarnos del poder de la muerte y darnos una relación correcta con Dios.

