¿Qué está pasando?
Pablo acaba de decir que «la rectitud de Dios se revela» en la muerte y resurrección de Jesús. Este puede ser un concepto difícil de entender, pero es enormemente importante para Pablo. La frase «rectitud de Dios» en la Biblia hebrea se refiere a que Dios rescata a su pueblo, corrige lo malo, castiga el mal y establece un reino de justicia y equidad (Salmo 98:2; Isaías 51:5-8). Los judíos habían esperado siglos la llegada de este Reino, y muchos pensaban que la única manera de ser incluidos en la salvación de Dios era ser judío. Sin embargo, Pablo dice que, en lugar del origen étnico, es la fe en la muerte y resurrección de Jesús lo que permite que todas las personas experimenten la rectitud de Dios. Pablo continuará esta conversación sobre «la rectitud de Dios» unos capítulos más adelante (Romanos 3:21). Por ahora, Pablo quiere explicar con precisión por qué la fe es el único fundamento para ser incluidos en el tan esperado Reino de Dios. El poder de Dios para establecer su Reino justo no es lo único que él ha revelado al mundo; Dios también ha revelado su enojo ante el mal y la injusticia de los seres humanos (Romanos 1:18).
Pablo dice que la injusticia de la humanidad se ve claramente en su rechazo deliberado de Dios. Dios ha dado el universo como un regalo para todas las personas. Por medio del mundo creado, las personas pueden intuir que existe una deidad poderosa y dadora de vida que las creó. Sin embargo, la humanidad ha respondido universalmente a su Creador con ingratitud. Los seres humanos se han empeñado en suprimir la verdad de la existencia de Dios y de lo que él espera de sus criaturas. En lugar de adorar al Dios inmortal que les dio vida, los seres humanos han fabricado ídolos de criaturas mortales y se han inclinado ante ellos (Romanos 1:18-23). Los seres humanos han rechazado al Dios de la vida y han preferido ídolos muertos. En respuesta, Dios revela su enojo. Entrega a la muerte a los seres humanos que han rechazado a su Creador y al Dios de la vida (Romanos 1:24, 26, 28).
Pablo añade que este enojo se ha revelado de tal manera que cualquiera puede observar sus efectos. Cuando Dios entrega a los seres humanos a la muerte, esto inevitablemente se manifiesta en una injusticia desbordada, mediante patrones autodestructivos y la degradación de nuestros propios cuerpos y de los de los demás (Romanos 1:25, 27). Para Pablo, el ejemplo por excelencia de un mundo entregado a la muerte son las relaciones sexuales homosexuales. Es una unión que, por definición, no puede producir vida biológica. La presencia de tal actividad en el mundo es evidencia de que la humanidad ha sido entregada a deseos que, en última instancia, son autodestructivos. Pablo también enumera el asesinato, la avaricia y el orgullo como evidencia de que Dios ha entregado a los seres humanos a deseos que llevan a la muerte (Romanos 1:29-31). Por lo tanto, nadie puede entrar en el reino justo que Dios está construyendo.
¿Dónde está el evangelio?
La razón por la que la fe es el único fundamento para ser incluidos en el tan esperado Reino de Dios es que no existe otra manera de entrar. La humanidad ha rechazado a Dios por completo, y Dios ha entregado la mente, los deseos y el corazón de los seres humanos a la autodestrucción y a la injusticia. Ni deseamos ni merecemos ser parte del reino justo y dador de vida de Dios. Y aunque quisiéramos, no hay mérito alguno, ninguna cualidad que nos redima, ni una cantidad de buenas obras que podamos ofrecerle a Dios para que nos acepte en su Reino justo (Efesios 2:8-9). La única manera de ser rescatados de nuestro estado de injusticia y de ser incluidos en el Reino de Dios es por medio de la fe en alguien distinto de nosotros mismos. La fe es lo opuesto a la ingratitud y a la supresión que la humanidad ha mostrado hacia su Creador. La fe es el compromiso de honrar y confiar en que Dios puede darnos vida y que lo ha hecho en Jesús.
En la muerte y resurrección de Jesús se revela «la rectitud de Dios». Parte de esa rectitud significa que él nos rescatará de la muerte que hemos elegido, de la injusticia que hemos cometido y de lo malo que hemos hecho. Unos capítulos más adelante, Pablo dice que la muerte de Jesús es un regalo que nos purifica de la injusticia que hemos escogido y declara que estamos en buena relación con el Creador que hemos rechazado (Romanos 3:24-25). Por la fe en Jesús somos salvados de ser entregados a nuestra injusticia y declarados ciudadanos eternos de su Reino justo. Aunque esta parte de la carta de Pablo puede parecer sombría, nos prepara para la buena noticia de que, no importa cuán degradados, deshonrosos o impuros podamos ser, la fe en Jesús nos salvará. Aunque no lo merezcamos, en él Dios nos ha dado el regalo de su poder salvador y de su rectitud.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que ha revelado su enojo. Y que puedas ver a Jesús como aquel que ha venido a revelar la rectitud de Dios.

