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devocional

1 Corintios 15

Victoria sobre la Muerte

En 1 Corintios 15 vemos que Jesús aplastó a la Muerte y al Hades por medio de su resurrección y nos llama a su vida inmortal, donde ningún sacrificio se desperdicia jamás.

¿Qué está pasando? 

Algunos cristianos de Corinto dudaban de que fueran a experimentar una resurrección futura. Esa duda estaba moldeada por su cultura griega. Los griegos creían en Tánatos, el dios de la Muerte, quien guiaba los espíritus de las personas al tenebroso inframundo del Hades mientras sus cuerpos se descomponían en la tierra. Para los griegos, la idea de la resurrección planteaba dos problemas. Primero, los poderes espirituales de Tánatos y del Hades tendrían que ser derrotados si los muertos iban a volver a la vida. Segundo, a los griegos la idea de regresar a un cuerpo en descomposición les resultaba poco atractiva. Por eso, la idea de que Jesús levantaría cuerpos de entre los muertos no solo era increíble, sino indeseable. Además, la iglesia sufría persecución por creer en una idea tan poco atractiva. 

Pero Pablo insiste en que la resurrección no solo es posible, sino esencial. Los cristianos de Corinto creían que Jesús resucitó de entre los muertos (1 Corintios 15:1-2). Era parte de su confesión original y, sin embargo, no aplicaban la resurrección de Jesús a sí mismos (1 Corintios 15:3-8). Pablo señala que, si no hay resurrección, entonces Jesús tampoco fue levantado. Y si Jesús no fue levantado, entonces Pablo es un mentiroso, la fe de los corintios no vale nada, su confianza está desperdiciada y siguen bajo los poderes del Hades y de Tánatos (1 Corintios 15:12-19). Pero como ya saben que Jesús ha resucitado, pueden confiar en que su propia resurrección también llegará.

Pablo muestra cómo la resurrección de Jesús se conecta con la de ellos. En el principio, cuando Adán se sometió al ser espiritual conocido como la serpiente, dejó entrar la Muerte al mundo. Desde entonces, toda la humanidad bajo Adán ha sido gobernada por Tánatos y encarcelada en el Hades. Pero Pablo argumenta que, en la resurrección de Jesús, Tánatos y el Hades pierden su dominio sobre la humanidad (1 Corintios 15:24-25). Ahora, aunque toda la humanidad sigue a Adán hacia la Tumba, toda la humanidad también seguirá a Jesús para salir de ella. Pablo compara esta verdad con la agricultura. Las primicias de una cosecha brotan antes de que llegue el resto de la siega. De la misma manera, la resurrección de Jesús rompió la tierra como las primicias de la vida de entre los muertos, lo cual demuestra que el resto de la humanidad también será levantado (1 Corintios 15:20-23). 

Pablo continúa mostrando que la vida misma de los corintios revela que ya creen en la resurrección. La práctica del bautismo entre ellos representa la historia de la muerte y la resurrección en sus propias comunidades (1 Corintios 15:29). Igualmente, la disposición de Pablo a sufrir la muerte en esta vida demuestra que él confía en una vida de resurrección que vendrá. Si no creyeran en la resurrección, tampoco harían tales sacrificios (1 Corintios 15:30-34). Pero sus prácticas y la persecución que enfrentan revelan que en realidad sí creen en la vida de entre los muertos.

Después Pablo responde a sus inquietudes sobre qué clase de cuerpos tendrán en la resurrección. Ellos imaginaban la resurrección como una reanimación de los mismos cuerpos débiles que irían a la tierra. Pero Pablo saca otra lección de la agricultura para mostrar que la resurrección transforma cuerpos débiles en cuerpos nuevos y gloriosos (1 Corintios 15:35-36). Las semillas no se parecen a las plantas en que se convierten. Una semilla de sandía no se parece en nada a una sandía. De la misma manera, nuestros cuerpos mortales y débiles serán sembrados, pero serán levantados inmortales y gloriosos. La diferencia de gloria entre los cuerpos terrenales que sembrarán y los cuerpos celestiales que se levantarán será tan impresionante como la diferencia entre un animal terrenal y una estrella celestial (1 Corintios 15:37-41). Jesús comprobó que esta transformación es real. Jesús fue sembrado en la tierra como Adán, pero fue levantado en gloria celestial. Este es también el futuro de los corintios. No serán reanimados en la forma del Adán que muere, sino transformados a la semejanza del Jesús resucitado (1 Corintios 15:42-48). Cuando Jesús regrese, los transformará para que sean como él y vivan en la inmortalidad, donde la Muerte y el Hades ya no existen (15:49-52). 

¿Dónde está el evangelio?

Aunque todavía morimos, la resurrección de Jesús comprueba que nuestro futuro no está en la tierra. El final de la historia bíblica revela cómo será cuando Jesús regrese para dar muerte a Tánatos y sepultar al Hades. El Jesús resucitado y glorificado vendrá a nuestro mundo de polvo y muerte. Cuando lo haga, vestirá de inmortalidad a nuestro mundo mortal (1 Corintios 15:51-54; Apocalipsis 21:4-5). Esto significa que todos los enemigos, incluidos Tánatos y el Hades, perecerán (Apocalipsis 20:13-14). 

Por eso Pablo se burla de la Muerte con Oseas 13:14: «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?». Originalmente, este versículo llamaba a la Muerte a ejecutar el juicio de Dios, pero Pablo lo transforma en un canto de burla (1 Corintios 15:54-57). En la resurrección y el regreso de Jesús, la victoria de la Muerte no se encuentra en ninguna parte. Su poder le ha sido quitado. Todo enemigo, incluido el último, la Muerte, será puesto bajo los pies de Jesús (1 Corintios 15:25-28).

Pablo termina llamando a los corintios a mantenerse firmes en su esperanza en la resurrección (1 Corintios 15:58). Pueden perseverar en cualquier dificultad porque la resurrección significa que su esperanza no es en vano. Lo mismo es cierto para nosotros. Si Jesús resucitó de entre los muertos, y si nosotros resucitaremos con él, entonces ningún sacrificio se desperdicia. Ningún sufrimiento carece de sentido. Ningún acto de lealtad a Jesús será olvidado jamás. La Muerte no tiene la última palabra; Jesús sí.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para que veas al Dios que gobierna sobre todo enemigo.  Y que veas a Jesús como aquel que aplastó a la Muerte, se tragó al Hades y te llama a su vida inmortal.

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