¿Qué está pasando?
Los corintios debían seguir a Jesús, pero estaban cautivados por maestros que en nada se parecían a él. Se enorgullecían de quién seguía al maestro más popular. Pablo les presenta dos ilustraciones para mostrarles la insensatez y el peligro de estar cautivados por los maestros en lugar del Jesús que ellos predican (1 Corintios 3:1-4).
Primero, Pablo dice que los corintios son como la tierra. Pablo sembró la semilla del evangelio, otro maestro la regó, pero ninguno de los dos produjo el crecimiento. Solo Dios da la cosecha (1 Corintios 3:6-7). Alabar a Pablo o a cualquier maestro es como alabar a un agricultor por el misterio de cómo crecen los cultivos: no tiene ningún sentido. Los corintios son el resultado de la obra de Dios, no de la habilidad humana.
Luego Pablo cambia a la imagen de un edificio. Dice que los corintios son el templo de Dios (1 Corintios 3:9,16). En la historia de Israel, el templo era la casa de Dios, donde el pueblo se encontraba con él y lo adoraba. Pero Israel confió en hombres mortales y llevó al templo, hecho para Dios solamente, ídolos que lo profanaban. Por eso Dios envió a Babilonia para quemar el templo de Israel y purificarlo de su profanación (Jeremías 52:12-13). Ahora Dios está edificando su templo puro en los corintios por medio de Pablo y sus compañeros maestros que predican el evangelio. Pablo advierte que toda enseñanza edificada sobre la sabiduría terrenal en lugar del evangelio de Jesús es una profanación. La misma purificación les ocurrirá a ellos cuando Jesús regrese (1 Corintios 3:17). Todo lo que hayan edificado sobre un maestro o un líder en quien confían más que en Jesús solo, será quemado y purificado (1 Corintios 3:10-15).
Pablo apunta a unos cuantos maestros que se jactan de sí mismos por su papel en la edificación de la iglesia de Corinto. Pero a diferencia de ellos, a Pablo no le preocupa la popularidad. No trabaja para recibir la alabanza de los corintios, sino la de Dios. Pablo sabe que al final rendirá cuentas a Dios, no a los corintios (1 Corintios 4:3-5).
El deseo de Pablo de buscar únicamente la alabanza de Dios contrasta directamente con algunos de los otros líderes de los corintios y sus seguidores. Ellos viven como reyes, usando el evangelio para hacerse ricos y populares (1 Corintios 4:8). Pero Pablo muestra que él y los maestros como él siguen el ejemplo humilde de Jesús. No usan el evangelio para jugar al juego de la popularidad, sino que enfrentan de manera voluntaria y gozosa la pobreza, el hambre, la falta de hogar y la muerte por causa del evangelio (1 Corintios 4:9-12). Pablo pide a los corintios que contrasten la vida de él con la vida de sus maestros profanados (1 Corintios 4:13). Deben imitar a aquel que más se parece a Jesús.
Para ayudarlos a ver cómo es esto, Pablo envía a Timoteo, su amado hijo en la fe. Timoteo es un ejemplo vivo de lo que significa seguir a Jesús. Él sería un modelo de la humildad, la obediencia y la fidelidad a las que Pablo los había estado llamando (1 Corintios 4:17-21).
¿Dónde está el evangelio?
Los corintios corrían el peligro de seguir a maestros que en nada se parecían a Jesús. Nosotros cometemos con frecuencia el mismo error. Evaluamos a los maestros por lo impresionante que es su iglesia, lo profundos que son sus sermones y lo exitosas que parecen ser su vida y su ministerio. Pero la única medida que Pablo nos dice que usemos es la vida y la muerte humildes y sencillas de Jesús.
Jesús vivió y murió únicamente para la alabanza de Dios. No se dejó envanecer por las multitudes que le pedían que las salvara con gritos de «¡Hosanna!». Tampoco fue derrotado ni desanimado por los clamores que lo condenaban a muerte cuando gritaban: «¡Crucifícalo!». Edificó su vida y su muerte únicamente sobre la alabanza que Dios le dio cuando dijo: «Tú eres mi Hijo amado» (Marcos 1:11).
Para agradar a aquel que lo llamó «Hijo», soportó el hambre y la falta de hogar. Cuando se burlaron de él, no respondió con represalias (1 Pedro 2:23). Devolvió bendición por maldición, perdonando a quienes lo perseguían y lo torturaron hasta la muerte (Lucas 23:33-34). Sin embargo, su servicio fiel a Dios fue recompensado. Dios resucitó a Jesús de entre los muertos y lo hizo la alabanza de todo el Cielo (1 Pedro 3:22).
Jesús puso el fundamento para su pueblo con su vida y su muerte. Dios provee buenos maestros para su iglesia, maestros que predican a Jesús y se parecen a él. Envió a Pablo, y Pablo envió a Timoteo. Así como Timoteo siguió el modelo de Pablo, y Pablo el de Jesús, nosotros debemos seguir a maestros cuya vida se parezca a la de Jesús. No sigas a maestros que viven para la popularidad. Sigue a maestros que viven únicamente para la alabanza de Dios, que siguen a Jesús aun cuando resulte humillante. Ellos te cuidan como a un cultivo y se aseguran de usar los mejores materiales para edificar en ti una fe que perdure (Hebreos 13:17).
Porque cuando edificamos nuestra vida sobre Jesús, también nosotros recibimos alabanza en el Cielo. Aun cuando seguir a Jesús se vuelva impopular y humillante, la alabanza de Dios siempre superará la alabanza de los hombres (2 Timoteo 4:7-8; Hechos 5:29). Al edificar nuestra vida únicamente sobre el fundamento de Jesús, compartiremos su humillación, porque sabemos que compartiremos su recompensa celestial.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que te ha hecho su templo y que provee maestros que te ayudan a crecer. Y que veas a Jesús como el fundamento sobre el cual edificar tu vida.

