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devocional

1 Corintios 1-2

La sabiduría de la cruz

En 1 Corintios 1-2 vemos que Jesús crucificado es la sabiduría y el poder de Dios que derrota a los poderes del mal y nos une a Dios por medio de su Espíritu.

¿Qué está pasando?

La iglesia en Corinto estaba llena de antiguos paganos que intentaban aprender el camino de Jesús. Estos nuevos seguidores necesitaban que Corinto saliera de su interior y que Cristo entrara en ellos. Sin embargo, trataban de seguir a Jesús usando sus viejas costumbres paganas de adoración y sus maneras griegas de pensar. Los griegos hallaban su fortaleza en discutir sobre quién había descubierto la sabiduría profunda y oculta de lo divino. En cambio, los corintios tendrían que aprender la sabiduría de Jesús y de su cruz. El problema era que esto les parecía locura y debilidad. En medio de estos problemas, la iglesia de Corinto escribió una carta al Apóstol Pablo, quien había fundado su iglesia, y 1 Corintios es su respuesta. 

Para aprender el camino de Jesús, los corintios necesitaban desaprender las divisiones por sus maestros favoritos (1 Corintios 1:10). Habían estado aprendiendo de maestros como el talentoso orador Apolos y el muy respetado apóstol Pedro (1 Corintios 1:12). Pero comenzaron a discutir sobre quién tenía la mejor sabiduría, como si Apolos y Pedro fueran oradores griegos rivales o líderes de templos paganos con distintos caminos hacia una sabiduría secreta y oculta. Pablo les recuerda que estos maestros son siervos de Jesús, no rivales entre sí. No habían venido a reunir seguidores propios entre los creyentes corintios, sino a hacerlos seguidores de Jesús (1 Corintios 1:11-13). Pablo los llama a unirse en torno a Jesús y a no dividirse por causa de los maestros. También los exhorta a no jactarse de quién los bautizó. Algunos pensaban que tenían un estatus especial como cristianos porque Pablo los había bautizado. Pero Pablo enfatiza que el verdadero poder no viene de quién los bautizó, sino de Jesús, en quien fueron bautizados. Y la verdadera sabiduría no se encuentra en la elocuencia de sus maestros favoritos, sino en Jesús, a quien ellos predican (1 Corintios 1:14-17). 

Pablo y los demás maestros predicaban que la sabiduría y la fuerza más profundas de Dios se veían en la crucifixión de Jesús. Pero esto era locura para una mente griega y pagana. Estaban acostumbrados a adorar dioses de poder y astucia, no a uno que muere en vergüenza. Y para los judíos de la iglesia, que Jesús muriera bajo la opresión romana era incompatible con su idea y su esperanza de un Mesías, o Cristo, que derrocaría a sus opresores (1 Corintios 1:18-24). Pero Pablo señala que Cristo crucificado demuestra la sabiduría y el poder de Dios precisamente porque desafía las categorías de la sabiduría humana. Si la sabiduría de Jesús es tan distinta que parece locura, solo pudo haber venido de Dios (1 Corintios 1:25; 2:13-16). El mensaje de Jesús que los corintios han recibido, a pesar de parecer locura, demuestra que Dios les ha dado su propio Espíritu para comprender su sabiduría más profunda, la cual el mundo, con toda su sabiduría, no puede entender (1 Corintios 2:12-16). Y como no la comprendieron por sí mismos, no pueden jactarse de sí mismos ni de sus maestros, sino solo de Dios, quien les ha revelado su sabiduría (1 Corintios 1:31). 

¿Dónde está el evangelio?

La sabiduría de Dios usa lo que el mundo llama locura, y su fuerza usa lo que el mundo llama debilidad. Pablo predicó a un Mesías crucificado sin intentar impresionar con florituras retóricas. Y su mensaje fue recibido y creído por los poco impresionantes, los que no pertenecían a la élite y los insensatos de Corinto (1 Corintios 1:26-27). No llegaron a creer en Jesús por medio de su propia sabiduría ni por la fuerza de Pablo, sino porque les fue dada la verdadera sabiduría y la verdadera fuerza mediante el Espíritu de Dios (1 Corintios 2:10-12). Y Pablo está convencido de que el Dios que los capacitó para recibir este mensaje seguirá obrando en ellos y transformando sus vidas mientras siguen a Jesús cada vez más de cerca (1 Corintios 1:2-9). Volverse insensato en los caminos del mundo y sabio en el camino de Dios es ver a Jesús crucificado como sabiduría y poder.

La manera en que Dios obra siempre parece locura al mundo. En Jesús, el poder supremo murió en debilidad. La sabiduría suprema se dejó matar. Nadie entendió por qué lo divino sería crucificado, porque su verdadero propósito estuvo oculto desde antes que el tiempo comenzara. Ningún gobernante, humano o demoníaco, anticipó lo que Dios en su amor había planeado lograr por medio de la debilidad y la locura (1 Corintios 2:7-9). En Jesús, Dios vino como un ser humano débil que afirmó ser el Cristo que salvaría a su pueblo (Mateo 26:63-64). Al hacerlo, provocó que la élite religiosa, las autoridades romanas y los poderes demoníacos que actuaban detrás de ellos conspiraran para matarlo. Cuando lograron dar muerte y vergüenza a Jesús en una cruz, creyeron haber superado en astucia a ese supuesto Cristo. Pero todos ellos fueron engañados (1 Corintios 2:8). La cruz no fue una trampa tendida a Jesús, sino una trampa que Jesús les tendió a ellos. En la cruz, Jesús murió en el lugar más débil bajo los poderes más fuertes. Pero al morir, superó en astucia a la muerte (Colosenses 2:15). Jesús resucitó de la tumba y quebró su poder sobre las personas (Hebreos 2:14-15). Mostró desde el lugar más débil, la tumba, que él es el más poderoso. Y demostró, mediante el acto más insensato, la crucifixión, que él es más sabio que cualquier sabiduría terrenal.

Por eso Pablo y otros como él no pueden dejar de hablar de Jesús y de su cruz. El mensaje de Cristo crucificado, predicado por sencillos pescadores y antiguas prostitutas, ofrece una sabiduría más profunda que la elocuencia de los oradores griegos paganos. Jesús es el único de quien vale la pena jactarse (Gálatas 6:14). Ningún líder carismático ni predicador elocuente puede ofrecer una sabiduría más profunda que Cristo crucificado. Cuando «insensatamente» abrazamos la cruz de Jesús, sabiamente abrazamos la vida con Dios y vencemos la muerte y los poderes del mal. Jesús nos ha unido unos a otros en nuestra búsqueda común de él. Y, como punto culminante, Jesús nos ha unido a sí mismo, la Sabiduría de Dios, al darnos su Espíritu.

Compruébalo tú mismo

Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios cuya locura es más sabia que toda la sabiduría del mundo. Y que puedas ver a Jesús como aquel que engañó a los poderes con su crucifixión.

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