¿Qué está pasando?
Deuteronomio registra las últimas palabras de Moisés al pueblo de Israel antes de que entre en la tierra prometida (1:1).
Comienza con Moisés relatando de nuevo la travesía del pueblo hasta ese momento. Básicamente, en estos tres capítulos recibimos un resumen de todo el libro de Números.
Primero, Moisés relata la desobediencia y la destrucción de Israel. Dios habló a Israel en el monte Sinaí, los llevó en una travesía de once días hasta la frontera de la tierra prometida, solo para que desobedecieran y se negaran a entrar en ella (1:26). Por causa de esta desobediencia, Dios promete que la generación anterior morirá en el desierto, y así ocurrió (1:35).
Luego, Moisés relata la obediencia y la victoria de Israel. El punto de inflexión entre una y otra es la muerte de la generación anterior y el surgimiento de la nueva. A diferencia de la generación anterior, este pueblo obedeció la voz de Dios y obtuvo la victoria sobre sus enemigos (3:3).
La fuerza del argumento es palpable para un pueblo que está a punto de entrar en la tierra en la que sus padres no lograron entrar, expulsando al pueblo que sus padres no lograron expulsar. Al relatar la historia, Moisés está demostrando dos puntos: 1. No cometas los errores del pasado (4:3). 2. Recuerda cómo Dios ha sido fiel (4:9).
La manera en que estos dos puntos van juntos nos da una comprensión firme del mensaje principal de Deuteronomio: el recuerdo conduce a la obediencia. Si Israel recuerda la fidelidad de Dios, lo amará. Si lo ama, lo obedecerá. Recordar conduce a amar. Amar conduce a obedecer (5:15).
Recordar es tan crucial porque está muy cerca de la idea de creer. Recordar la fidelidad de Dios en el pasado es creer en lo que él ha hecho en el pasado. Y esto produce fe en lo que él hará en el futuro.
¿Dónde está el evangelio?
Jesús enseñó a sus discípulos esta misma verdad. Esta vez, en lugar de que Dios vaya delante de Israel a la tierra prometida para prepararla para ellos, Jesús dice que él va a la casa de Dios para prepararnos un lugar (Juan 14:2). Y si le creían a Jesús, entonces lo amarían, y si lo amaban, obedecerían sus mandamientos (Juan 14:15).
Cómo funciona esto y cómo se aplica a nosotros se repite a lo largo de todas las cartas del Nuevo Testamento. Una y otra vez, el Nuevo Testamento nos dice que recordemos lo que Jesús hizo en la cruz. Y luego, sobre la base de lo que él ha hecho, se nos dan mandamientos (Tito 2:11-12). El argumento es idéntico. Jesús nos ha rescatado y ha provisto para nosotros. Si recordamos lo que él ha hecho, estaremos tan llenos de amor por él que obedeceremos con gozo todo lo que él mande.
Recuerda el evangelio, ama a Jesús y obedece. Esto es lo que Deuteronomio ha venido a enseñarnos.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te dé ojos para ver al Dios que nos muestra su fidelidad pasada a fin de producir en nosotros nuestra fe presente. Y para que veas a Jesús como aquel que lo ha cumplido todo plenamente en el pasado para crear en nosotros amor y obediencia en el presente.

