¿Qué está pasando?
Moisés continúa su discurso a Israel antes de que entren en la tierra prometida. Aquí comienza a explicar cómo se verán los Diez Mandamientos cuando se vivan en el nuevo hogar de Israel.
Los dos primeros que desarrolla son: (1) no tener otros dioses aparte de Yahweh y (2) no hacer ídolos.
Los habitantes de Canaán adoran ídolos y practican el sacrificio de niños. Israel no debe ser influenciado ni arrastrado por ninguna de estas prácticas.
Así que Dios provee una especie de programa de tres pasos para guardar los dos primeros mandamientos en medio de toda esta religión falsa.
Primero, el pueblo debe destruir todo lugar de culto e imagen religiosa en su conquista de la tierra (12:3).
Segundo, el pueblo debe adorar y sacrificar solamente en el lugar que Dios les muestre para establecer su templo (12:5).
Tercero, si un israelita comienza a seguir a otros dioses, esa persona debe ser ejecutada (13:5). Es culpable del mismo pecado del que son culpables los habitantes de la tierra, y por eso cae bajo el mismo castigo.
Aunque se trate de un profeta que haya hecho predicciones acertadas, aunque sea tu propia madre, tu esposa o tu amigo más íntimo, aunque sea toda una ciudad, la sentencia es la misma (13:6). Se les debe dar muerte.
Todos nosotros fallamos en obedecer los dos primeros mandamientos. Incluso muchos de nosotros que no practicamos religiones paganas, sí adoramos nuestros ídolos internos del yo y del pecado.
¿Dónde está el evangelio?
Por eso es tan buena noticia que Jesús completó los tres pasos por nosotros, haciéndonos capaces de obedecer por fin los dos primeros mandamientos.
Jesús no solo puso fin a los lugares terrenales de adoración falsa. En realidad venció al poder que hay detrás de ellos. Al morir por nuestros pecados en la cruz y resucitar victorioso de entre los muertos, «desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal» (Colosenses 2:15). Jesús nos libera, no solo de la influencia externa de las personas que adoran a otros dioses, sino del verdadero poder espiritual que está detrás de estos seres rivales.
En segundo lugar, Jesús también se ha convertido en el único y definitivo lugar escogido de adoración (Juan 4:24). En un giro inesperado, Jesús no destruye los lugares físicos de adoración de otras religiones, sino que predice que el templo de Israel será destruido (Mateo 24:2). Pero no antes de permitir que el templo de su propio cuerpo fuera destruido (Juan 2:21). Ahora, el único lugar apropiado para adorar es en Cristo. Él es nuestro templo. Él es nuestro camino a Dios.
Por último, todavía tenemos que cuidarnos de quienes enseñen cualquier buena noticia distinta del evangelio de Jesús (Gálatas 1:8). Pero a los que han confiado en Jesús y tienen dentro de ellos el Espíritu de Dios se les ha dado la promesa de la perseverancia (2 Corintios 1:21-22). Dios los guardará de ser arrastrados y tentados por embusteros y engañadores. El pueblo de Dios perseverará.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que no solo nos muestra cómo obedecer sus mandamientos, sino que también nos provee todos los medios para obedecerlos en la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo.

