¿Qué está pasando?
Moisés está dando en este momento a los israelitas instrucciones sobre cómo obedecer los Diez Mandamientos una vez que entren en la tierra prometida y expulsen a sus habitantes. Esta sección parece centrarse sobre todo en el cuarto mandamiento: acuérdate del día de Sabbat para consagrarlo. Israel debe descansar cada siete días. Pero también hay ritmos más amplios en su calendario que les ayudan a recordar.
Cada séptimo año es un año sabático. Israel debe liberar a todos los esclavos hebreos y perdonar todas las deudas de los hebreos (15:2). El propósito de este año sabático sin duda tiene que ver con la justicia para los pobres y la equidad para el pueblo (15:7), pero Moisés dice que hay algo más en juego.
Cuando un israelita libera a un siervo o perdona una deuda, está representando en pequeño lo que Dios hizo por ellos en Egipto. Eran esclavos y Dios los liberó. Así que, cuando llega el año sabático, Israel puede recordar y volver a representar la libertad que Dios les dio, extendiéndola los unos a los otros (15:15).
Esto no es lo único en el calendario de Israel, además del Sabbat semanal. Hay otras fiestas que se celebran todos los años: la Pascua, la fiesta de las Semanas y la fiesta de las Enramadas.
Todas estas fiestas, aunque distintas, sirven al mismo propósito. Moisés lo repite varias veces (16:3). Le recuerdan a Israel que antes eran esclavos en Egipto, pero Dios los rescató (16:12).
Recordar la gracia de Dios lleva a amar a Dios. Y amar a Dios lleva a obedecer a Dios. En este caso, la obediencia consiste en tratar con misericordia a los pobres y a los esclavos que están entre ellos, tal como Dios los trató a ellos cuando eran pobres y esclavos.
¿Dónde está el evangelio?
Lo mismo es cierto para los cristianos hoy. Solo que no somos llamados a recordar cuando Israel estuvo esclavizado en Egipto, sino cuando nosotros estábamos esclavizados al pecado y a la muerte (Ef 2:1).
Uno de los recordatorios visibles que nos han sido dados es la Cena del Señor. En ella recordamos que el cuerpo y la sangre de Jesús limpian nuestro pecado y nos salvan de la muerte (Lucas 22:19).
Pero ya no celebramos fiestas anuales ni semanales, porque todas ellas apuntaban a Jesús, quien ahora las ha cumplido (Col 2:17).
Jesús es el día definitivo de descanso sabático, porque en él toda obra está terminada (Heb 4:9). Jesús es la Pascua definitiva, porque en él se ha ofrecido el último sacrificio necesario (1 Co 5:7).
Podemos descansar constantemente en la obra consumada de Jesús, día tras día y hora tras hora (Mt 11:28). Podemos tomar un descanso sabático habitual simplemente al recordar a Jesús y su obra consumada.
Y al recordar que éramos esclavos y que Jesús nos salvó de la muerte, lo amaremos y lo obedeceremos. Y una de las cosas principales que él nos manda hacer por amor a él es amar a los pobres y a los esclavizados que están a nuestro alrededor (Juan 13:34).
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios cuya salvación cambia nuestro corazón. Y para que veas a Jesús como aquel que ha provisto una salvación plena, a fin de formar un pueblo con el corazón completamente transformado.

