¿Qué está pasando?
Con las bendiciones y maldiciones de la sección anterior, las palabras de la ley del pacto de Dios han llegado a su fin. Ahora Dios le ruega a Israel que escoja obedecerla.
Pero de inmediato descubrimos que Dios aún no le ha dado a Israel un corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír (Deuteronomio 29:4).
Esto conduce a una predicción que Moisés hace acerca del futuro de Israel. Desobedecerán a Dios y serán expulsados de la tierra. Las maldiciones explicadas en la sección anterior se cumplirán (Deuteronomio 29:23).
Sin embargo, Dios no los dejará en el exilio para siempre. Él promete que circuncidará el corazón de su pueblo, dándole la disposición interior que necesita para finalmente obedecer (Deuteronomio 30:6). Volverán a la tierra, amarán a Dios y vivirán con él para siempre (Deuteronomio 30:3).
La ley no es demasiado difícil de cumplir, pero Israel aun así la quebrantará (Deuteronomio 30:11).
Muchas veces pensamos que las leyes son imposibles de seguir o que son excesivamente rigurosas. Pero en realidad son mandamientos muy claros y sencillos que no le piden mucho a Israel.
Lo importante de la sencillez de la ley no es que sea fácil de seguir. Más bien, la ley fue dada para poner de relieve cuán pecaminoso es el corazón humano sin Dios. No podemos obedecer ni los mandamientos más fáciles (Romanos 5:20).
¿Dónde está el evangelio?
Piensa en el mandamiento: «No mientas». No es difícil. Y sin embargo, todos mentimos. Nosotros también tenemos el corazón endurecido. Entonces, ¿cuál es la solución?
Jesús obtiene la bendición de la ley para todo el que cree en él. No nos toca a nosotros subir hasta el Cielo: Jesús ha descendido del Cielo hasta nosotros (Romanos 10:6). No nos toca a nosotros ganarnos la salida de la muerte: Jesús ya venció el sepulcro por nosotros (Romanos 10:7).
Cumplimos la ley al confiar en Jesús.
Y cuando confiamos en él, Jesús nos da el corazón nuevo que Moisés dijo que necesitábamos. Realmente podemos obedecer los mandamientos de la ley porque andamos por el Espíritu de Jesús que vive en nosotros (Romanos 8:5).
Ahora no es la ley la que está cerca de nosotros para que podamos escoger obedecerla (Deuteronomio 30:14). Más bien, el Espíritu Santo está aún más cerca, y él nos hace obedecerla (Romanos 8:13).
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que nos da mandamientos que no son imposibles, aunque de todos modos los pasemos por alto. Y para que veas a Jesús como aquel que obedece la ley por nosotros, pero que luego nos da corazones nuevos para que también nosotros podamos obedecerla.

