¿Qué está pasando?
Jesús acaba de reprender a los fariseos por su codicia y su envidia (Lucas 11:39-40). Ahora quiere asegurarse de que sus discípulos no cometan los mismos errores (Lucas 12:1). Jesús entreteje una y otra vez los temas del juicio y la riqueza. Advierte a sus discípulos que viene un día en que toda intención secreta y codiciosa será revelada, así que deben vivir como si ese día estuviera a la vuelta de la esquina.
Jesús dice que temer a Dios de esta manera es la única forma de ser llenos de su Espíritu (Lucas 12:5, 8, 12). El Espíritu enseñará a sus discípulos a sostener sus posesiones con manos abiertas. Los ricos no tienen ninguna razón para no ser generosos, ya que el día del juicio está cerca (Lucas 12:20). ¡Y los pobres no necesitan estar ansiosos, porque el Reino de Dios con toda su riqueza y su tesoro está a punto de llegar (Lucas 12:32)! Puesto que viene un día en que seremos juzgados por nuestra codicia y llegaremos a ser herederos de un gran Reino, no tenemos ninguna razón para estar ansiosos y todas las razones para ser generosos (Lucas 12:33).
Jesús les dice a los discípulos que imaginen ese día como siervos que esperan a que su señor vuelva a casa de una larga travesía. Su tarea es permanecer despiertos y su responsabilidad es mantener la casa en orden. Si no lo hacen, sufrirán las consecuencias de su infidelidad (Lucas 12:46). Si lo hacen, entonces, cuando el señor regrese a casa, contra toda expectativa, él promete servirles a ellos, sus siervos (Lucas 12:37).
¿Dónde está el evangelio?
El ministerio de Jesús es un ministerio de misericordia: misericordia hacia los pobres oprimidos, pero también misericordia hacia los ricos que no se arrepienten. Sus milagros y enseñanzas son segundas oportunidades para quienes han fallado en servir y temer al Señor (Lucas 12:56). Jesús es como un jardinero que quiere darle a su árbol toda oportunidad de dar fruto antes de cortarlo (Lucas 13:8-9).
Es fácil creer que Dios nunca nos juzgará. Las multitudes que escuchaban a Jesús pensaban lo mismo. Suponían erróneamente que el juicio era solo para las personas «verdaderamente malvadas», como aquellas que Pilato ejecutó en Galilea (Lucas 13:1). Pero Jesús dice que solo aquellos que reconocen su codicia y su orgullo escondidos y eligen inclinarse ante el Señor escaparán del juicio y llegarán a ser ciudadanos del Reino.
Jesús promete libertad de nuestra ansiedad por el dinero y perdón por todas las formas en que hemos sido codiciosos. Y la mejor noticia de todas es que podemos tener libertad y perdón, no porque seamos ricos, sino porque somos ricos en Jesús. Jesús prometió dar su Reino y su riqueza a cualquiera que se arrepienta de su codicia y su orgullo y haga de Jesús su señor.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo te dé ojos para ver al Dios que es justo al juzgar al mundo por su codicia y su orgullo. Y que veas a Jesús ofreciendo generosamente su reino a todos los que se vuelven a él.

