¿Qué está pasando?
Jesús comienza su ministerio en la sinagoga de su pueblo natal y anuncia: «El Espíritu del Señor está sobre mí» (Lucas 4:18). Citando a Isaías, Jesús declara que ha venido a traer buena noticia a los pobres, libertad a los oprimidos y liberación a los cautivos: una imagen del prometido «Año del Jubileo», cuando el pueblo de Dios sería puesto en libertad y sus deudas perdonadas (Levítico 25:10).
Por el poder del Espíritu Santo, Jesús empieza a poner en marcha este Jubileo. Expulsa espíritus demoníacos y sana a los que están enfermos de fiebre, parálisis y lepra. Incluso perdona los pecados de un hombre paralítico, mostrando que tiene autoridad para liberar a las personas no solo de la enfermedad, sino también del pecado (Lucas 5:20-21).
Pero no todos reciben con agrado la misión de Jubileo de Jesús. Su pueblo natal intenta matarlo después de que él insinúa que el favor de Dios se extenderá a los gentiles antes que a los israelitas (Lucas 4:27-28). Y los fariseos se escandalizan de que coma con recaudadores de impuestos y pecadores, y comienzan a conspirar para matarlo (Lucas 5:30).
Normalmente, los discípulos pedían ser instruidos por un rabino, pero Jesús sale y llama él mismo a sus seguidores, y no de los que esperarías. Lucas destaca a un pescador y a un recaudador de impuestos, hombres en extremos opuestos del espectro social. Sin embargo, ambos «dejan todo» para unirse a Jesús en la libertad de su Reino (Lucas 5:11, 28).
¿Dónde está la buena noticia?
Jesús comienza su ministerio proclamando que ha llegado el tan esperado Jubileo de Dios. Lo que Israel practicaba cada cincuenta años como anticipo de la libertad de Dios, Jesús lo cumple en sí mismo. En él, los pecados son perdonados, los cautivos son liberados y los pobres son levantados.
Jesús demuestra este poder del Jubileo a lo largo de su ministerio. Sana a los enfermos y libera a los endemoniados. Perdona pecados y confirma su autoridad para hacerlo al restaurar al hombre paralítico (Lucas 5:23). Y declara que no vino por los justos, sino por los pecadores (Lucas 5:32).
Su reputación de «amigo de pecadores» pretendía ser un insulto, pero en realidad era la señal más clara de que el Jubileo había llegado. A diferencia de los fariseos, que se separaban de los impuros, Jesús trae consigo santidad y esperanza, y transforma a todos los que toca. Desde Simón Pedro hasta Leví, el recaudador de impuestos, Jesús se encuentra con las personas donde están y las invita a la nueva era de libertad de Dios.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que trae el verdadero Jubileo. Y que veas a Jesús como el Salvador lleno del Espíritu que sana, perdona y libera a su pueblo.

