¿Qué está pasando?
Jesús les habla a sus discípulos sobre el tipo de sufrimiento que pueden esperar durante su vida (Lucas 21:32). Jesús predice con valentía: Jerusalén y el templo caerán (Lucas 21:6, 24). Para los judíos, esta habría sido una noticia impactante, si no blasfema. Jerusalén y el templo representaban el centro del plan de salvación de Dios. Predecir su destrucción era como predecir que Dios abandonaría a su pueblo y rompería sus promesas.
Jesús advierte a sus discípulos que ni siquiera ellos estarán exentos de las guerras que vienen. Dios les dará poder, pero deben esperar persecución y sufrimiento durante su vida (Lucas 21:12, 32).
Todas estas profecías se cumplieron en el libro de Hechos (puedes leer sobre esto en Hechos 5:40-41) y, en última instancia, cuando el ejército romano saqueó Jerusalén en el año 70 d.C. El propósito de estas advertencias es animar a los discípulos de Jesús: su perseverancia mientras esperan al Hijo del Hombre los llevará a la redención y al rescate (Lucas 21:28).
A lo largo de este pasaje, Jesús usa un poderoso lenguaje cósmico para hablar de acontecimientos de la historia humana (21:25). En el Antiguo Testamento, los profetas hicieron lo mismo. Describieron «señales en los cielos» como una manera de hablar de ciudades y naciones que caían en manos enemigas (Isaías 13:10; 24:23; Ezequiel 32:7; Joel 2:10, 31; 3:15).
Y una de las imágenes más poderosas que Jesús usa proviene del libro de Daniel, donde se ve al Hijo del Hombre «viniendo en las nubes» (Lucas 21:27; Daniel 7:13).
¿Dónde está el evangelio?
Cuando Jesús predijo la caída de Jerusalén, muchos judíos habrían concluido que Dios había abandonado a su pueblo y que el fin del mundo se acercaba. Naturalmente, habrían sentido la tentación de desesperarse (Lucas 21:26). Pero Jesús los consuela al decirles que, aunque caigan naciones, ciudades e incluso templos, el reino de Jesús y sus palabras permanecerán firmes para siempre (Lucas 21:33).
Las promesas de Dios no se cumplirán preservando Jerusalén ni el templo; se cumplirán en Jesús. Así como Daniel vio a un hijo de hombre aplastado por una bestia antes de ascender al poder, así Jesús es el hombre a quien el mal humano mata, que vence la muerte y es exaltado a la derecha de Dios en las nubes. A diferencia de una ciudad que puede ser derribada o de un templo que puede ser incendiado, Jesús mismo será el templo nuevo e invencible. Y como su muerte y resurrección conquistaron el reino de la muerte y los fuegos del infierno, todo el que permanezca fiel a través de su propia persecución y muerte estará de pie junto al Hijo del Hombre en una nueva Jerusalén para siempre (Lucas 21:36).
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que cumple sus promesas y nunca abandona a su pueblo. Y que veas a Jesús como nuestro templo indestructible, quien nos asegura una Jerusalén eterna.

