¿Qué está pasando?
En el pasaje de hoy, Jesús responde a tres preguntas: ¿Cómo es el Reino de Dios (Lucas 13:18)? ¿Quién entrará en ese Reino (Lucas 13:23)? ¿Y qué se requiere para ser ciudadano del Reino de Dios y discípulo de Jesús (Lucas 14:27)?
Jesús responde a la primera pregunta sanando a dos personas enfermas en el Sabbat. El Sabbat tenía como propósito celebrar que Dios había liberado a Israel de su esclavitud. Así que Jesús libera a una mujer enferma y da libertad a un hombre con una enfermedad (Lucas 13:16; 14:4). Como una semilla de mostaza que brota de la tierra o una masa de pan que crece poco a poco, estas sanidades son evidencia de que el Reino de Dios está llegando de manera inesperada y sutil.
Entonces la multitud se pregunta quién entrará en ese Reino de Dios de descanso y libertad. Jesús les dice que los ciudadanos del Reino no serán quienes suponen que ya han llegado o que tienen un lugar privilegiado en la historia de Dios. Quienes llamen a la puerta cuando ya esté cerrada la encontrarán trancada por dentro (Lucas 13:25). Quienes se sienten en los mejores lugares de la mesa del banquete tendrán que sentarse en otro sitio (Lucas 14:9). Quienes rechacen las invitaciones a la boda verán que sus lugares se les dan a los cojos, los ciegos y los inválidos (Lucas 14:21).
Cada una de estas parábolas es una reprensión a la presunción de los fariseos, quienes creían que su falta de compasión por los pecadores y los pobres nunca podría quitarles su posición como “el pueblo escogido de Dios”. Jesús les advierte que quienes se consideran primeros serán los últimos, y que todos aquellos a quienes ellos han considerado los últimos ocuparán su lugar como los primeros ciudadanos del Reino de Dios (Lucas 13:30).
Entonces, ¿qué busca Jesús en los ciudadanos de este Reino? ¿Qué se requiere para ser su discípulo? Jesús dice que será difícil. Será como pasar apretado por una puerta estrecha, cargar cruces y renunciar a todo lo que tienes (Lucas 13:24; 14:27, 33). Significará humillarte por completo para poder ser exaltado (Lucas 14:11).
¿Dónde está el evangelio?
Si estás enfermo, eres pobre, tienes alguna discapacidad, sufres opresión o has sido marginado, ya sabes lo que significa ser el más pequeño. Tu vida ya te ha humillado. La buena noticia es que la invitación de Jesús a experimentar salvación, sanidad, liberación y honra llega a ti —el último— primero.
Normalmente, los religiosos, los ricos y los privilegiados no entienden y no están dispuestos a ayudar. Pero Jesús es diferente. Jesús se hizo amigo de los pecadores sin pecar jamás. La riqueza de Jesús no se podía medir, pero la dejó atrás para compadecerse de los pobres. Jesús es el primero sobre toda la creación, pero se hizo el más pequeño para poder salvarla. Jesús, el grande, renunció a todo para hacernos, a los más pequeños, sus discípulos. Ahora Jesús nos invita a todos, ricos o pobres, a seguirlo.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al gran Dios cuyo Reino llega primero a los más pequeños. Y que veas a Jesús como aquel que se humilló a sí mismo para que los más pequeños fueran los más grandes en el Reino de los Cielos.

