¿Qué está pasando?
El reino de Jesús incluye a personas que no esperarías, y excluye a personas que sí esperarías.
Jesús predica a los pobres. Jesús concede sanidad al siervo de un centurión romano. Jesús resucita de entre los muertos al hijo de una viuda. Jesús incluso perdona a una mujer cuyos pecados son tan notorios que ni se mencionan.
Juan el Bautista envía a dos discípulos a preguntarle a Jesús si él es el Mesías que han estado esperando (Lucas 7:19). Jesús le dice a Juan que mire el fruto de su ministerio: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen y los muertos resucitan (Lucas 7:22). Los que son pobres en cuerpo, en recursos y en posición social han escuchado y experimentado la buena noticia por medio de las palabras de Jesús.
Los fariseos se resisten a este mensaje (Lucas 7:30). No se sienten cómodos con las personas que Jesús atrae. En cambio, los fariseos se niegan a identificarse con los pecadores y los pobres. Se niegan a honrar a Jesús incluso con las cortesías más básicas. Y así se cierran al perdón de sus pecados, a la sanidad que Jesús trae y a la buena noticia del reino de Dios.
Jesús explica estas respuestas tan distintas por medio de una parábola. Jesús es como un agricultor que siembra su semilla con generosidad. Jesús derrama esa semilla sobre aceras, piedras, malezas y campos. Todos reciben esta buena noticia, pero no todos la aceptan (Lucas 8:7-8). Muchos oyen y reciben la palabra de Jesús con gozo, pero otros son demasiado orgullosos para admitir siquiera que necesitan la buena noticia de Jesús.
¿Dónde está el evangelio?
Jesús promete que todo lo escondido saldrá a la luz (Lucas 8:17). Los fariseos revelan su orgullo escondido en su incredulidad y su corrupción. El pobre, el pecador y el extranjero revelan su humildad por medio de su sanidad y su salvación. Y Jesús revela su identidad escondida por su autoridad para condenar a los fariseos, sanar a los pobres y perdonar a los pecadores.
Esta es una buena noticia. Todo aquel que venga a Jesús sabiendo que no tiene nada y sabiendo que necesita perdón será perdonado, sanado y llamado el más grande en el Reino de los Cielos (Lucas 7:28).
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que provee para los pobres enviando a su Hijo. Y que veas a Jesús como aquel que proclama y establece un reino de sanidad y perdón para todos los que lo invocan en su necesidad.

