¿Qué está pasando?
Jesús pasa su última noche en la Tierra preparando a sus discípulos para su muerte. Y lo hace durante una comida de Pascua.
La Pascua celebraba el rescate que Dios hizo de Israel para sacarlo de Egipto. Durante miles de años los israelitas comieron cordero y pan, y bebieron vino, como recordatorios del rescate que Dios obró de manos del Faraón. Pero Jesús les dice a sus discípulos que estos símbolos ya no apuntan hacia atrás, sino hacia adelante, hacia él (Lucas 22:19-20). Como el pan que se parte y se reparte, Jesús se entregará a sí mismo por su pueblo. Como la sangre del cordero una vez marcó a Israel para vida, la sangre de Jesús marcará y liberará a su pueblo. Y como el vino que se derrama, la vida de Jesús será derramada para introducirnos en el pacto de Dios.
Jesús dice que todo esto ocurrirá a causa de un traidor (Lucas 22:21). Los discípulos empiezan a discutir sobre cuál de ellos sería más capaz de traicionar a Jesús, y su discusión degenera en una competencia sobre quién es el discípulo más grande (Lucas 22:24). Jesús los reprende. Les dice que el más grande es el más pequeño. El último es el primero. La grandeza no se gana por cuántos les sirven a ellos, sino por cuántos sirven ellos (Lucas 22:27).
Luego Jesús les advierte que seguirlo está a punto de volverse mucho más difícil. Un poder demoníaco se ha apoderado de Judas y va tras Pedro (Lucas 22:31). Jesús profetiza que Pedro lo negará tres veces (Lucas 22:34). Jesús les está advirtiendo que los días y los caminos apacibles de su ministerio han terminado (Lucas 22:36).
Los discípulos lo entienden mal y piensan que esto significa pelear. Jesús les dice que basta ya (Lucas 22:38). Pero cuando Judas llega para traicionarlo, uno de ellos le corta la oreja al siervo del sumo sacerdote (Lucas 22:50). Jesús los reprende otra vez y sana a su acusador mientras lo arrestan (Lucas 22:51). Pedro sigue a Jesús hasta la casa del sumo sacerdote, solo para negar tres veces que lo conoce (Lucas 22:61).
Cada una de las profecías de Jesús se cumple. Judas lo traiciona. Es arrestado como un transgresor de la ley romana y judía. Pedro lo niega tres veces. Irónicamente, los hombres que arrestaron a Jesús le vendan los ojos y se burlan de él como profeta, preguntándole quién lo está golpeando (Lucas 22:64).
¿Dónde está el evangelio?
Jesús no es solo un profeta, sino el anunciado por los profetas. Jesús asegura un Éxodo final que salva a Israel de la muerte y de la transgresión, al convertirse en el verdadero cordero Pascual y al ser contado entre los transgresores (Lucas 22:37).
Porque Jesús estuvo dispuesto a que su sangre fuera derramada como vino y su cuerpo partido como pan, la muerte pasa de largo ante nosotros, como sucedió con Israel en Egipto. Isaías 53:12 dice que Jesús “cargó con el pecado de muchos e intercedió por los transgresores”. Por eso Jesús oró por Pedro, quien lo negó tres veces (Lucas 22:32). Por eso Jesús perdonó a los soldados que lo clavaron en la cruz (Lucas 23:34), y por eso le prometió al ladrón que colgaba junto a él que entraría en el paraíso (Lucas 23:43). Jesús es el cordero Pascual anunciado por los profetas, que fue contado entre los criminales. Por medio de su muerte, se ha capacitado de manera única para interceder por nosotros y salvarnos.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que prometió una liberación plena y definitiva para su pueblo. Y que veas a Jesús, quien fue contado entre los transgresores para que, por medio de su sacrificio, el pecado y la muerte pasen de largo ante nosotros.

