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devocional

Salmo 22

Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

En el Salmo 22 verás las palabras que Jesús clamó en la cruz, y la verdad de que, porque Jesús fue abandonado en nuestro lugar, nunca seremos abandonados por Dios.

¿Qué está pasando?

En este salmo, David se pregunta si Dios lo ha abandonado (Salmo 22:1). Dios no responde a sus oraciones (Salmo 22:2). Aunque Dios se había complacido en responder y rescatar a los antepasados de David, parece que a él no le corresponde el mismo trato (Salmo 22:5). Los enemigos de David se aprovechan del silencio de Dios y se burlan de él (Salmo 22:6). Con sarcasmo insinúan que su sufrimiento es prueba de que Dios ya no lo ama como antes (Salmo 22:8).

No es que la percepción que David tiene de sus enemigos sea exagerada. Son depredadores feroces (Salmo 22:13). David está rodeado (Salmo 22:16). Siente que su cuerpo se desmoronará bajo la tensión (Salmo 22:14), sin mencionar el daño físico que sus enemigos disfrutan infligirle (Salmo 22:17). Desesperado, David clama por liberación (Salmo 22:20-21).

En ese mismo momento de desesperación, David invita a todo Israel a alabar a Dios (Salmo 22:22). Esta alabanza no es por la aparente inacción de Dios, sino por su fiel actuar en el pasado a favor de ellos. Dios no es la clase de Dios que abandona al afligido y a la víctima (Salmo 22:24). Así como Dios oyó los clamores de su pueblo en Egipto, lo libró de la esclavitud y le proveyó alimento en el desierto, David confía en que Dios volverá a acercarse a los afligidos y los alimentará (Salmo 22:26).

(Salmo 22:27). Tanto los pobres como los ricos se inclinarán ante el Dios que sostiene su vida (Salmo 22:29). Y todas las generaciones futuras proclamarán la fidelidad del Dios que libra y salva para siempre (Salmo 22:30-31).

¿Dónde está el evangelio?

Este cántico de lamento se usa 24 veces en el Nuevo Testamento como una manera de interpretar y explicar la muerte y la crucifixión de Jesús. Algunas de las últimas palabras de Jesús en la cruz están tomadas del primer versículo de este salmo: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mateo 27:46).

Las burlas sarcásticas que David recibió se repiten en boca de los fariseos y de los romanos contra Jesús (Lucas 23:35, 37). Despojado de su ropa y dejado desnudo en un juego de azar (Juan 19:24), Jesús podía contar con facilidad todos sus huesos (Salmo 22:17). Cuando la cruz de Jesús fue levantada y luego dejada caer en un hoyo, muchos de sus huesos se habrían dislocado (Salmo 22:14).

Tanto David como Jesús nos muestran cómo orar mientras sufrimos. No deberíamos usar palabras religiosas cuando las palabras crudas son más verdaderas. Deberíamos expresarle a Dios la profundidad de nuestro dolor. Y, como David y como Jesús, deberíamos orar con la esperanza de que Dios nos librará.

Cuando miramos las maneras en que hemos sufrido, es fácil pensar que Dios nos ha abandonado. Pero eso no es cierto. En la cruz, Jesús habitó el abandono que tantas veces experimentamos. Y no simplemente para compadecerse de nosotros, sino para demostrar que cualquiera que confía en él nunca será abandonado.

¡Jesús resucitó de entre los muertos! Aunque parecía que Dios había dejado morir a Jesús, Dios no permitiría que su precioso Hijo fuera abandonado en el sepulcro (Hechos 2:27). Y lo mismo vale para ti. Jesús promete saciar tu alma afligida con alimento eterno (Lucas 22:19; Juan 6:35). Él no abandonará en el sepulcro a quienes ha hecho su familia (Hebreos 2:11-12).

Gracias a la resurrección de Jesús, sabemos que la vida triunfará sobre nuestro sufrimiento y nuestra muerte. Igual que David esperaba, nosotros podremos cantar de esa liberación para siempre.

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que oye nuestros clamores. Y que veas a Jesús como aquel que nos libra de nuestro sufrimiento.

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