¿Qué está pasando?
Años antes, Elías había profetizado que Israel en el norte, Judá en el sur y su enemigo común, Siria, experimentarían un cambio dramático de poder (1 Reyes 19:15-17). Un nuevo rey estrangula al antiguo rey de Siria mientras duerme, y comienza una campaña brutal contra el pueblo de Dios (2 Reyes 8:15, 12). Mientras tanto, Israel y Judá son gobernados por partidarios de Acab y Jezabel, el antiguo rey y la antigua reina que asesinaron a los profetas de Dios y reemplazaron la adoración a Dios con la adoración a Baal (2 Reyes 8:18, 27).
Pero, tal como Elías lo profetizó, Eliseo unge a Jehú como el nuevo líder de Israel. Lo llama un «mesías» (2 Reyes 9:6). Un mesías es un salvador escogido para el pueblo de Dios. La palabra significa literalmente «ungido». Jehú es ungido para vengar la sangre derramada por la familia de Acab (2 Reyes 9:7-8), y reducirá a Jezabel a comida para perros (2 Reyes 9:10). Jehú es el único rey del norte que es ungido, y cuando el pueblo lo escucha, tienden sus mantos a sus pies y lo llaman rey (2 Reyes 9:13).
Jehú entonces emprende siete actos de destrucción contra el legado y la idolatría de Acab. En el mismo terreno donde Acab y Jezabel asesinaron a Nabot por una viña, caen tanto el rey de Israel como el de Judá, ambos de la casa de Acab (2 Reyes 9:24, 27). Cuando Jehú se acerca a Jezabel, sus propios sirvientes la lanzan desde lo alto de su torre. Es pisoteada por caballos, y los perros la devoran y la esparcen como excremento por los campos cercanos (2 Reyes 9:36-37). La profecía de Elías se ha cumplido otra vez; la descendencia de Acab se va extinguiendo.
Los descendientes que le quedan a Acab están concentrados en Samaria (2 Reyes 10:1). Jehú envía cartas al líder de la ciudad y los anima a poner en el trono a uno de los hijos de Acab (2 Reyes 10:3). Los líderes lo interpretan como una amenaza velada y recalcan su lealtad a Jehú por encima de Acab (2 Reyes 10:4). Entonces Jehú exige que le lleven a Jezreel a los jefes (pero dice «cabezas») de los hijos de Acab (2 Reyes 10:6). Los líderes toman el mensaje literalmente y decapitan a 70 de los hijos de Acab (2 Reyes 10:7). Como Elías lo predijo, Jehú extermina en Samaria a todo partidario de Acab (2 Reyes 10:17).
El séptimo y último acto de destrucción es contra el culto a Baal que Acab y Jezabel introdujeron en Israel. Bajo amenaza de muerte, Jehú invita a todos los sacerdotes y profetas de Baal a una gran celebración y sacrificio a su dios falso (2 Reyes 10:19). Pero es una trampa. Jehú hace un espectáculo de ofrecer sacrificio a Baal, pero cierra las puertas tras de sí, mata a los celebrantes y convierte el templo en una letrina (2 Reyes 10:25, 27). Jehú erradica a Baal de Israel y venga a los que murieron a manos de Jezabel, de Acab y de su culto sangriento (2 Reyes 10:28).
¿Dónde está el evangelio?
En muchos sentidos, Jehú es un mesías defectuoso para Israel (2 Reyes 10:29) y, como consecuencia, no logrará contener la brutalidad del rey de Siria (2 Reyes 10:32). Pero es el único rey del norte que revierte la idolatría de Israel. También es el único rey del norte que hace lo «recto» a los ojos de Dios. Y, sorprendentemente, su venganza es prueba de que, como David, él es un rey según el corazón de Dios (2 Reyes 10:30).
Como mesías, Jehú nos muestra que la venganza contra los impíos, en particular la venganza contra quienes atacan a los profetas de Dios, es parte del corazón de Dios. En una parábola dirigida a la élite religiosa y a los fariseos, Jesús dice lo mismo. Los que se oponen al profeta de Dios serán hechos pedazos por un Ungido que viene, un Mesías que viene (Mateo 21:44-45).
Jesús es un nuevo Jehú. Jesús es el vengador final contra los poderes y las religiones que roban a los pobres, asesinan a los profetas de Dios y promueven una espiritualidad destructiva. Solo el rey Jehú y el Rey Jesús caminan sobre los mantos que sus ciudadanos tienden libremente (Lucas 19:35-36). Y ambos lo hacen en pie de guerra contra templos dedicados a dioses falsos en Israel (Mateo 21:13). La venganza de Jehú no logró corregir las idolatrías de Israel, pero la venganza de Jesús sí lo hará.
En el libro de Apocalipsis, Jezabel reaparece como una falsa maestra (Apocalipsis 2:20). Y la figura de una mujer idólatra manchada con la sangre del pueblo y de los profetas de Dios es un tema frecuente (Apocalipsis 17:6). La Biblia entiende que el conflicto entre Jehú y Jezabel no ha terminado. Los poderosos, la élite religiosa corrupta y las cosmovisiones asesinas son todos «Jezabeles». Siguen engañando, amenazando y matando al pueblo de Dios. Pero Jesús viene a vengar la sangre derramada por los idólatras y los poderosos. Como Jehú, las vestiduras de Jesús gotearán con la sangre de los malvados y los violentos (Apocalipsis 19:13). Jesús no dejará ninguna idolatría sin vengar (Apocalipsis 19:2). Y todo el pueblo de Dios que ha sido oprimido vivirá en paz para siempre.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que venga el mal. Y que veas a Jesús como un Jehú mayor, que erradica todo mal y toda religión corrupta, y da paz a su pueblo.

