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devocional

2 Reyes 18-20

El rey Ezequías

En 2 Reyes 18-20 vemos que, aun cuando personas como nosotros están divididas, Jesús no lo está. Jesús está comprometido de todo corazón con el rescate de su pueblo.

¿Qué está pasando?

Ezequías asume el trono en Judá, pero sus lealtades están divididas (2 Reyes 18:1). Es el primer rey en siglos que derriba los santuarios que salpican el paisaje de Judá (2 Reyes 18:4). Pero en seis años Asiria derrocará a Israel y, en el proceso, pondrá a prueba la fe de Ezequías. El rey de Asiria, Senaquerib, es un táctico talentoso que arrasa varias ciudades fortificadas de Judá (2 Reyes 18:13). Pero, en lugar de confiar en Dios, Ezequías despoja al templo de Dios de su plata y su oro para pagarle al rey despiadado (2 Reyes 18:15-16). La lealtad de Ezequías está dividida y Senaquerib se aprovecha. Envía una delegación de consejeros para forzar una rendición ante Asiria y sus dioses (2 Reyes 18:17). Con astucia, el delegado asirio se asegura de sonar como un profeta israelita. Le dice a Ezequías que no confíe en Egipto ni en sus caballos. Promete una tierra donde abundan la leche y la miel (2 Reyes 18:24, 32). Con el oro de Dios en sus bolsillos, ocupan con soberbia el lugar de Dios y esperan desmoralizar a Ezequías en el proceso.  

Angustiado, Ezequías vuelve al templo. Pero esta vez no es para robarlo, sino para orar (2 Reyes 19:1, 14). A pesar de las lealtades divididas de Ezequías, Dios responde por medio del profeta Isaías y promete que Israel se levantará de sus cenizas en tres años (2 Reyes 19:28, 29). Esa misma noche, 185.000 soldados asirios mueren por la mano de Dios (2 Reyes 19:35). Pero antes de que Ezequías pueda experimentar la renovación de Israel, lo golpea una enfermedad que amenaza su vida (2 Reyes 20:1). Y, a diferencia de reyes anteriores en su lecho de muerte, él ora a Dios, y Dios promete sanarlo en tres días y prolongar su vida quince años (2 Reyes 20:5-6).

Pero, fiel a su entrega a medias, esos años regalados se usan neciamente. Presumiblemente para asegurar una alianza contra Asiria, Ezequías invita a delegados de Babilonia a recorrer las riquezas de Israel (2 Reyes 20:13). Isaías denuncia las lealtades divididas de Ezequías por lo que realmente son y anuncia que la nación a la que está cortejando saqueará todo lo que él les ha mostrado (2 Reyes 20:17-18).

¿Dónde está el evangelio?

Judá caerá en manos de Babilonia porque no logra confiar solo en Dios. Y Ezequías, como rey de Judá, encarnó las lealtades divididas de su nación. Jesús dice que no podemos servir a dos señores (Mateo 6:24). Ezequías demuestra que las lealtades divididas conducen finalmente a la muerte y al exilio.

Parte del mensaje de Ezequías es: «¡No seas como él!». Dividir tu confianza divide tu rescate. No puedes estar salvado a medias. Estás muerto o estás vivo. Rescatado o cautivo. En casa o en el exilio. Y Dios quiere tu lealtad indivisa para poder darte una vida indivisa y eterna. Ezequías intentó salvar su vida robando el templo, pero lo que necesitaba era estar dispuesto a perder su vida por una lealtad indivisa a su Dios. A Ezequías no le sirvió de nada obtener paz de sus enemigos, porque en el proceso perdió su alma (Mateo 16:25-26). Jesús promete recompensar con rescate completo y resurrección a quienes están dispuestos a perder su vida. ¡No seas como Ezequías!

Pero aún más significativo es que Ezequías fue librado por causa de las promesas que Dios le hizo al rey David (2 Reyes 19:34). Aun cuando Ezequías está dividido, Dios no lo está. Él seguía comprometido de todo corazón con el rescate de su pueblo, a pesar de siglos de infidelidad y del propio corazón dividido de Ezequías. En definitiva, la salvación de los enemigos y de las naciones depende únicamente de la gracia indivisible de Dios.

La propaganda de Senaquerib es mala. Ninguna nación ni ídolo puede salvar. La única esperanza de Israel fue y sigue siendo solo Dios. Jesús ha librado batalla contra enemigos mayores que Asiria y resucitó de entre los muertos tres días después (1 Corintios 15:4). ¡Solo el Dios de Israel hace revivir al tercer día! Jesús ofrece resurrección y vida, incluso a los divididos. La salvación viene solo de Dios y solo por gracia.

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios de la vida. Y que veas a Jesús como el Rey que es digno de tu lealtad indivisa.

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