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devocional

2 Reyes 4

Eliseo resucita a los muertos

En 2 Reyes 4 vemos que Jesús es mejor que Eliseo. Él también lleva vida dondequiera que va, incluso cuando va a la tumba.

¿Qué está pasando?

Israel se está muriendo. En una imagen visceral de la idolatría y el fracaso de los líderes de Israel, una hambruna ha dejado la tierra hambrienta (2 Reyes 4:38). Y una viuda, incapaz de encontrar justicia de parte de su rey, acude a Eliseo en busca de ayuda (2 Reyes 4:2a). Pronto los acreedores forzarán a sus hijos a la esclavitud, a menos que se pague la deuda (2 Reyes 4:2b). Eliseo le dice que pida vasijas prestadas a sus vecinos, tome el poco aceite que le queda y lo vierta en las vasijas vacías (2 Reyes 4:4). Milagrosamente, cada recipiente vacío de la aldea se llena con el aceite de su pequeño frasco (2 Reyes 4:6). A la viuda le queda más que suficiente para pagar sus deudas y sobrevivir a la hambruna (2 Reyes 4:7). Israel se está muriendo, pero Eliseo lleva vida a un hogar que ya se daba por muerto.

Una mujer rica del pueblo de Sunén entiende que el ministerio de Eliseo es único (2 Reyes 4:9). Le construye un cuarto en la azotea de su casa y coloca allí una mesa, una silla y una menorá (o lámpara) (2 Reyes 4:10). Son los mismos objetos que se usaban en el templo. Son una señal de que esta mujer sunamita sabe que la presencia de Dios, que da vida, habita con Eliseo. Y en respuesta a su generosidad, Eliseo profetiza que su vientre muerto dará a luz un hijo, y así sucede (2 Reyes 4:17).

Durante años la familia vive felizmente, hasta que el hijo muere trágicamente (2 Reyes 4:20). Ella coloca su cuerpo en el templo de la azotea y, extrañamente, no le dice a su esposo que su hijo ha muerto (2 Reyes 4:21-22). Le dice que “todo está bien” y rápidamente sale a buscar a Eliseo en el monte Carmelo (2 Reyes 4:23-24a). Guiezi, el criado de Eliseo, la ve desde lejos y le pregunta qué anda malo, pero recibe la misma respuesta que ella le dio a su esposo: “Todo está bien” (2 Reyes 4:26). Solo le revela su necesidad al hombre de Dios (2 Reyes 4:28). Ella sabe que solo el hombre de Dios puede traer vida.

Eliseo envía por delante al joven Guiezi con su bastón para que lo ponga sobre el niño, pero nada sucede (2 Reyes 4:29). Es solo cuando el templo móvil de Dios —Eliseo— toca al niño que este vuelve a la vida (2 Reyes 4:34). En Eliseo, la muerte no se lleva la vida, sino que la vida se lleva la muerte.

Vemos este tema otra vez cuando Eliseo pasa la noche acampando en Guilgal. Él y sus hombres preparan un guiso con calabazas silvestres, solo para darse cuenta de que son venenosas (2 Reyes 4:40). Pero el hombre de Dios saca la muerte de la olla (2 Reyes 4:41). Y cuando sus cien hombres vuelven a tener hambre, Eliseo multiplica los panes de cebada y el grano, y aun sobra (2 Reyes 4:44).

¿Dónde está el evangelio?

Eliseo era un templo que caminaba y hablaba, cuando el templo de Israel estaba en ruinas y sus líderes eran corruptos. Él lleva vida y alivio dondequiera que va, porque Dios está con él. De esta manera, el ministerio de Eliseo nos prepara para Jesús.

Jesús vivió en una época en que el templo y los líderes de Israel se habían corrompido. Jesús sabe que él es un templo que camina y habla. Como Eliseo, Jesús multiplica el alimento y resucita a los muertos. También sana a los enfermos y limpia a los leprosos. Dondequiera que iba, la vida lo seguía, y la muerte retrocedía. Jesús era la presencia de Dios que da vida, hecha carne (Juan 1:14). Él era el Dios-hombre que podía traer vida.

Pero, mucho más importante que reanimar al hijo de una viuda que algún día volvería a morir, Jesús ha resucitado de entre los muertos para nunca más morir. Como la mujer sunamita, no necesitamos llevar nuestra muerte a nadie más que a Jesús. Porque él vive para siempre, sabemos que traerá alivio que da vida a todo el que pida su presencia.

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios de la vida. Y que veas a Jesús como aquel que da esa vida, incluso a los muertos.

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