¿Qué está pasando?
Esta sección continúa una retrospectiva a un mes atrás, cuando Moisés dedicó el tabernáculo y el pueblo de Israel se preparaba para partir del Sinaí. Todo en estos capítulos se hace eco de la historia de su salida de Egipto en Éxodo.
Primero, Israel celebra la Pascua, cuando Dios rescató a su pueblo de Egipto (Números 9:1-5). Dios ordenó que esta comida se recordara cada año como una manera de volver a contar la historia de su salvación. Incluso a los que estaban impuros o lejos se les dieron disposiciones especiales para participar (Números 9:6-13). Nadie debía quedar excluido de recordar el acto de liberación de Dios.
Luego se nos recuerda la nube de la presencia de Dios. Se cernía sobre el tabernáculo y servía de guía a Israel. Cuando la nube se levantaba, el pueblo recogía todo y la seguía. Cuando se detenía, ellos se quedaban (Números 9:15-23). Esto refleja lo que ocurrió después de la primera Pascua, cuando Dios guio a Israel por el desierto mediante la nube y el fuego (Éxodo 13:21-22).
Finalmente, Dios da instrucciones acerca de dos trompetas de plata (Números 10:1-10). Estas señalarían todo: desde ponerse en marcha hasta reunir al pueblo y anunciar los tiempos de adoración y de guerra. Su sonido recuerda el estruendoso toque de trompeta en el Monte Sinaí, cuando Dios descendió en fuego para encontrarse con su pueblo (Éxodo 19:16-19).
¿Por qué tanta repetición? ¿Por qué tantas alusiones a Éxodo?
Justo antes de esto, Israel había quebrantado su pacto con Dios al hacer el becerro de oro. Ahora, mientras la nube se prepara para levantarse e Israel se prepara para ponerse en marcha, estos actos de conmemoración son una respuesta clara a la pregunta que quedaba en el aire: «¿Sigue Dios con nosotros?».
La respuesta es sí. El mismo Dios que los libró una vez sigue guiándolos ahora.
¿Dónde está el Evangelio?
Este pasaje ofrece un consuelo profundo a cualquiera que se pregunte si Dios sigue con él después de haber pecado.
La historia de redención de Israel es también nuestra historia. Y como ellos, somos llamados a recordar; no solo una salida de Egipto, sino un rescate mayor: la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Jesús encabeza un nuevo éxodo, liberándonos de los poderes que estaban detrás del Faraón: el poder del pecado y de la muerte.
Así como Israel participó de la Pascua en Números, nosotros participamos del cumplimiento de la Pascua en la Cena del Señor (Lucas 22:19-20). Cuando la tomamos, participamos de la comida del pacto del cuerpo y la sangre de Jesús, que nos ha redimido de la esclavitud al pecado y a la muerte, y nos ha traído a la familia del Dios de la vida. En esa comida proclamamos que el mismo Dios que nos rescató entonces sigue con nosotros ahora.
Si dudas, si te sientes distante, si te preguntas si Dios todavía podría amarte, esta es su respuesta: come la comida. Ingiere la vida de Jesús. Repasa la fidelidad de Dios por medio del pan y la copa. Recuerda que el Dios que te sacó todavía te sigue guiando.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que ancla tu presente en su fidelidad pasada. Y que, al recordar el Evangelio, veas a Jesús como el verdadero y mejor Éxodo: la presencia del pacto de Dios que todavía va contigo, te guía y nunca te dejará.

