¿Qué está pasando?
Apenas unos capítulos después de que Dios creara bueno el mundo, la maldad de la humanidad había cubierto la Tierra en lugar de la imagen de Dios (Génesis 6:5). El panorama es desolador: todo pensamiento del corazón humano se inclinaba hacia la violencia. Y la rebelión no era solo terrenal. La historia de los Nefilim muestra que seres espirituales se unieron a la corrupción de la humanidad, esparciendo deformidad en lugar de la vida de Dios (Génesis 6:2, 4). Tanto el Cielo como la Tierra se habían unido en la rebelión, deshaciendo la creación misma.
El resultado es un mundo que se parece más a Génesis 1:1, antes de que la palabra creadora de Dios hiciera existir la luz y el orden: «las tinieblas cubrían el abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas». Dios permite que las aguas caóticas del mal vuelvan a cubrir la creación. El diluvio no es solamente juicio, es también una limpieza: una des-creación destinada a lavar la corrupción y la violencia para que Dios pueda volver a crear su mundo.
Y aun aquí, Dios cumple su promesa de Génesis 3:15. No dejará que la línea de la vida se extinga. En Noé, quien cuenta con el favor de Dios, Dios preserva la semilla de la vida. Noé y su familia entran en el arca, llevados por encima de las aguas de la muerte. Por medio de Noé, Dios salva a la humanidad y a la imagen de Dios de desaparecer bajo la corrupción de una generación violenta (1 Pedro 3:20). Después del diluvio, el Espíritu de Dios volverá a moverse sobre las aguas de un mundo limpio, y la creación comenzará de nuevo.
¿Dónde está el evangelio?
Pedro nos dice que la historia del diluvio apunta a Jesús (1 Pedro 3:21). Así como Noé entró en el arca para ser salvado de un mundo corrupto, así nosotros entramos en Jesús para ser rescatados de la corrupción que nos rodea y que está dentro de nosotros. En él somos salvos, no solo de la destrucción, sino para una vida nueva.
Jesús es el verdadero Noé que nos lleva a salvo a través de las aguas de la muerte. Como Noé fue levantado por encima del diluvio, Jesús fue levantado de la tumba. Como Noé llevó a su familia a un mundo limpio, Jesús nos lleva a una nueva creación donde podemos portar la imagen de Dios en florecimiento y vida, en lugar de deformidad y violencia.
En Jesús no solo somos preservados: somos limpiados. Él lava lo que nos deforma y nos hace semejantes a él, recreados en la imagen de Dios. Nos hace un pueblo capaz de cultivar el nuevo jardín de la presencia de Dios y de esparcir su vida por el mundo.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo abra tus ojos y veas al Dios que jamás dejará que su mundo se deshaga en el caos. Y que veas a Jesús como el verdadero Noé que te lleva a través de la muerte, te limpia y te hace parte de su nueva creación.

