¿Qué está pasando?
Jesús ha resucitado, el Espíritu Santo ha descendido y la era de la Iglesia ha comenzado en Jerusalén. Con esta nueva era llega una nueva autoridad para la comunidad religiosa de Israel. Hechos 4-5 explora este cambio de autoridad: de los líderes actuales de Israel a los apóstoles de la iglesia recién formada.
La iglesia actúa como Israel debía actuar: un lugar donde nadie fuera pobre ni necesitado (Deuteronomio 15:4). Los primeros cristianos demuestran esta realidad vendiendo sus posesiones y entregando el dinero a los apóstoles para que lo repartan entre los necesitados (4:34-35).
Dos historias destacan esta actividad. Primero, un levita que era dueño de un terreno (algo que, según la ley, no le estaba permitido) se arrepiente, vende su terreno y entrega el dinero a los apóstoles (Hechos 4:36-37; Deuteronomio 10:9). Tradicionalmente, las ofrendas se llevaban a los levitas que servían en el templo (Levítico 6:14). Pero ahora la autoridad ha pasado a los apóstoles (Hechos 4:33).
En la segunda historia, un matrimonio, Ananías y Safira, también vende su terreno (Hechos 5:1). Afirman llevar todo el dinero de la venta de su propiedad a los pies de los apóstoles, pero en realidad solo llevan una parte (Hechos 5:2). A una palabra del apóstol Pedro, caen muertos (Hechos 5:10). Los apóstoles habían sido designados para dirigir en nombre de Dios, así que esta pareja engañosa le estaba mintiendo a Dios (Hechos 5:4). En ambas historias vemos que la autoridad está pasando de Israel a la iglesia.
Esta tensión llega a su punto máximo cuando las autoridades religiosas arrestan a los apóstoles por realizar muchas señales milagrosas (Hechos 5:12, 17-18). Pero Dios envía un ángel para liberarlos, demostrando a todos quién manda realmente (Hechos 5:19).
Los líderes de Israel se reúnen para decidir qué hacer (Hechos 5:21b). Un fariseo muy respetado llamado Gamaliel dice que, si Dios está del lado de la iglesia y de los apóstoles, entonces ninguna autoridad podrá detenerla (Hechos 5:38).
¿Dónde está el evangelio?
Toda autoridad debe reflejar la autoridad de Dios (Génesis 1:27-28). Sin embargo, el liderazgo de Israel tergiversó la autoridad de Dios durante cientos de años (2 Crónicas 36:14-16).
Ahora los apóstoles obedecen a Dios (Hechos 5:29, 32). Cuidan de los pobres, sanan a los enfermos, liberan a los endemoniados y ponen en libertad a los encarcelados (Hechos 5:16). Lo que Dios había prometido desde hacía mucho tiempo ahora se cumple por medio de los apóstoles (Isaías 61:1).
Esto demuestra que la autoridad y el reino de Dios en la Tierra ahora se manifiestan a través de la «iglesia» (Hechos 5:11). La iglesia es la descendencia espiritual de Israel, con la hermosa tarea de llevar la buena noticia al mundo.
Esta buena noticia no solo trae alivio para los oprimidos, sino también justicia contra los opresores. Lo vemos en la muerte de Ananías y Safira. Robaron lo que habían prometido para los pobres y, a cambio, recibieron la justicia de Dios (Hechos 5:2).
En última instancia, Jesús tiene toda autoridad en el Cielo, en la Tierra y sobre la iglesia (Colosenses 1:16-18). Su autoridad y su reinado traen sanidad, equidad y justicia. Jesús, nuestro gobernante, ahora nos da poder mediante su Espíritu, el mismo Espíritu Santo que fue dado a los apóstoles (Hechos 5:32). Ahora podemos ir y llevar buena noticia, sanidad, generosidad y gracia a quienes más lo necesitan.
Compruébalo tú mismo
Oro para que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que tiene toda autoridad, pero que la usa para cuidar de quienes no tienen ninguna. Y que puedas ver a Jesús como el buen Rey que nos invita a la buena obra de vivir en su Reino.

