¿Qué está pasando?
Juan el Bautista ha muerto. Pero Herodes, el enlace político de Roma en Galilea, vio los milagros que Jesús hacía y pensó que tal vez fuera Juan resucitado de entre los muertos (Mateo 14:2).
Sin embargo, lo que Jesús hace a continuación muestra que él es más grande que Juan.
Cuando Jesús se entera de la muerte de Juan, sube a una barca y cruza el agua para pasar tiempo a solas en el desierto (Mateo 14:13). Pero la gente sale a su encuentro allí, igual que antes se había encontrado con Juan en el desierto. Así que nos preguntamos lo mismo que se preguntó Herodes: ¿es Jesús un nuevo Juan el Bautista? ¿O es algo mucho más grande?
Allí, en el desierto, Jesús sana a los enfermos y multiplica cinco panes y dos pescados hasta alimentar a 5,000 hombres, sin contar a las mujeres y los niños (Mateo 14:20). Este ministerio en el desierto nos recuerda a Juan, pero también debería recordarnos a Moisés.
Igual que Jesús, Israel hizo una travesía a través de las aguas y entró en el desierto. Allí Dios proveyó pan y carne de forma milagrosa para el pueblo (Éxodo 16:4). Pero en lugar de venir del Cielo, este pan viene de Jesús mismo. Jesús es más grande que Juan. Es más grande que Moisés. Él es Dios.
Después de este milagro, una fuerte tormenta arrastra la barca con los discípulos dentro. Jesús camina sobre las aguas agitadas para llegar hasta ellos. Incluso llama a Pedro a salir sobre el agua, y lo capacita para mantenerse en pie sobre el mar mientras su fe en Jesús se mantuviera firme (Mateo 14:25).
Al ver esta demostración de poder, los discípulos adoran a Jesús y dicen: «Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios» (Mateo 14:33).
Moisés llevó al pueblo a través del agua. Juan sumergía a la gente en el agua. Pero Jesús camina por encima del agua.
Jesús es más que Juan el Bautista. Es más que Moisés. Él es el Hijo de Dios.
¿Dónde está el evangelio?
Ninguno de los famosos mensajeros de Dios pudo traer la sanidad y la liberación definitivas. A pesar de todos sus milagros, Moisés no entró en la tierra prometida del Reino de Dios. A pesar de su dinámico ministerio público, Juan murió antes de ver cumplidas las promesas de Dios.
Pero Mateo 14 nos muestra que Jesús no es solo un hacedor de milagros ni un gran maestro. Él es Dios mismo, quien traerá de una vez y para siempre la liberación que Moisés vio e instaurará el Reino que Juan anunció.
Y lo único que tenemos que hacer es poner nuestra fe en él, como hizo Pedro cuando caminó sobre el agua (Mateo 14:31). Él sanará todas nuestras enfermedades. Él nos proveerá el pan de vida. Él vencerá las tormentas. Porque él es el Hijo de Dios.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que preparó a su pueblo para la liberación, y a Jesús como aquel que trajo esa liberación de una vez y para siempre.


