¿Qué está pasando?
En Mateo 10, Jesús les da a sus seguidores más cercanos una misión especial y una autoridad especial.
Les dice que prediquen lo que él ha predicado y que hagan lo que él ha hecho (Mateo 10:7). Deben anunciar la llegada del reino de Dios y sanar a los enfermos.
Pero junto con esta nueva misión viene una lista de advertencias. La gente ignorará o rechazará su mensaje, y a ellos, como mensajeros, los atacarán y perseguirán (Mateo 10:17). Esta misión les costará a estos discípulos más de lo que pueden imaginar.
Sin embargo, tres veces distintas Jesús les dice que no tengan miedo.
Primero, Jesús les dice que no tengan miedo porque todo lo oculto será dado a conocer (Mateo 10:26). Él vincula la persecución de ellos con la suya propia (Mateo 10:25). Jesús será arrestado en secreto y asesinado bajo el manto de acusaciones falsas. Pero su identidad y su victoria sobre el sepulcro no quedarían ocultas cuando resucitó de entre los muertos. De la misma manera, Jesús promete que hará brotar la victoria final de los momentos de persecución más ocultos que ellos vivan.
Segundo, Jesús les recuerda a los discípulos que enfrentarán a algunos que pueden matar el cuerpo, pero no el alma (Mateo 10:28). Sus perseguidores solo pueden llegar hasta cierto punto. Jesús promete que quienes pierdan su vida por causa de él, la encontrarán (Mateo 10:39). No tienen que tener miedo, porque Jesús puede sacar vida de la muerte.
Por último, Jesús compara el cuidado de Dios por las aves con su cuidado atento por los discípulos. No deben temer, porque Dios cuidará de ellos mucho más de lo que provee para las aves (Mateo 10:31).
¿Dónde está el evangelio?
Esta misión es una imagen viva de la salvación y del juicio por medio de Jesús. Quienes reciben el mensaje de los discípulos experimentan la paz y la acogida de Dios (Mateo 10:13). Pero cuando los pueblos rechazan el mensaje, los discípulos se sacuden el polvo de los pies (Mateo 10:14). Es un símbolo de que su rechazo los deja fuera de la presencia purificadora de Dios y de que el juicio aún permanece (Mateo 10:15).
La misma decisión sigue en pie para nosotros hoy. Cuando creemos la buena noticia de Jesús, somos reconciliados con Dios y restaurados a su paz (Romanos 5:1). Cuando lo rechazamos, permanecemos atados a nuestro quebranto y separados de la vida (Juan 3:36).
Jesús hace una promesa increíble: estará de parte de todo el que confíe en él y lo reconocerá delante de su Padre (Mateo 10:32). Esta es una buena noticia, porque nuestra pertenencia a Dios no depende de nuestra capacidad de dar la talla, sino de que Jesús nos une a sí mismo. Por la fe somos recibidos como familia de Dios, hechos justos en su presencia, y recibimos su Espíritu para vivir una vida nueva.
Ahora, quienes creen esta buena noticia también son enviados, igual que los primeros discípulos (Mateo 28:19). Nos toca anunciar el reino de Dios y vivir el camino de Jesús en el mundo. No necesitamos temer el rechazo, porque Dios ya nos ha aceptado. No necesitamos temer la persecución, porque incluso en la muerte Jesús trae vida. Y no necesitamos temer la escasez, porque la presencia y la provisión de Dios nos acompañan en toda circunstancia.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo te abra los ojos para ver al Dios que envía mensajeros de su reino. Y que puedas ver a Jesús como aquel que te recibe en la familia de Dios y promete estar de tu parte delante del Padre.


