¿Qué está pasando?
El Evangelio de Mateo comienza con una genealogía que se remonta hasta Abraham, el padre de la nación hebrea. Los nombres que siguen incluyen a héroes de la fe judía: desde los padres fundadores de Israel hasta reyes legendarios. Cualquier judío que leyera esta lista de nombres habría quedado impresionado. Y de eso se trata, principalmente. Estos nombres son los actos de apertura para el protagonista que Dios había profetizado: Jesucristo.
Mateo divide su lista en tres secciones, que resume al final. Tres listas de catorce. (Si cuentas dos veces al rey David, la cuenta cuadra). Por lo que podemos discernir, Mateo está usando números para volver a resaltar cuán importante y espectacular es Jesús. El siete se consideraba un número santo y perfecto en la fe judía. Tres catorces equivalen a seis grupos de siete, lo cual hace de Jesús aquel que trae la perfección definitiva: siete sietes.
Los árboles genealógicos importaban en la cultura antigua. A la gente le interesaba saber quiénes habían sido los bisabuelos y los tataratatarabuelos de alguien. Y muchos escritores, como Mateo, presentaban a su personaje principal por medio de una genealogía. Pero los árboles genealógicos pueden hacer más que impresionar. También pueden darles pistas a los lectores sobre qué clase de persona se está presentando, según los nombres que incluyen.
Por ejemplo, Mateo incluye a cuatro madres en una larga lista de padres e hijos. Son Tamar, Rajab, Rut y la esposa de Urías (cuyo nombre es Betsabé). Para decirlo con delicadeza, no son el tipo de mujeres que la mayoría de los hombres judíos querrían presentarle a su madre. Tamar se disfrazó de prostituta y se acostó con su suegro. Rajab era prostituta. Rut es viuda y extranjera. Y Betsabé está asociada con un escándalo de adulterio y asesinato cometido por el legendario rey David de Israel.
La sabiduría convencional dice: «Déjalas fuera». Pero lo que Dios está a punto de hacer en Jesús desafiará la sabiduría convencional. Así que Mateo las incluye. Igual de importante: estas cuatro mujeres no son judías (estrictamente hablando). Rajab, Rut y Tamar eran gentiles, y Betsabé estaba casada con Urías y, por lo tanto, formaba parte de un hogar gentil. ¿Y por qué importa eso? Por una promesa hecha mucho tiempo atrás.
¿Dónde está el evangelio?
Dios le prometió a Abraham que su pueblo sería usado para bendecir a todas las naciones de la Tierra. Según Mateo, Jesús será quien cumpla esa promesa y traiga bendición a todas las naciones. Por eso se llama a Jesús el Hijo de Abraham. Jesús es Dios cumpliendo sus promesas.
Jesús no solo es el Hijo de Abraham, sino que también se le llama el Hijo de David. David fue el rey más grande de Israel, y su legado en Israel hasta el día de hoy no puede subestimarse. Generaciones antes del nacimiento de Jesús, un profeta judío llamado Isaías predijo que algún día vendría un nuevo gobernante que reinaría en el trono de David, trayendo autoridad divina a la Tierra como nunca antes. Al llamar a Jesús el Hijo de David, Mateo está diciendo que el gobernante prometido ha llegado. Jesús es Dios reinando en la Tierra.
El tercer título que se le da a Jesús en esta genealogía es el título judío Mesías (algunas traducciones usan Cristo, que es la versión griega). Para los judíos, Mesías e Hijo de David están estrechamente vinculados. Se creía que el Mesías sería un líder ungido que liberaría a los judíos. La gente en Israel tenía sus propias ideas sobre lo que haría el Mesías, y a lo largo de su vida Jesús trastocó sus expectativas. De hecho, Jesús no derrocará a los romanos que ocupaban Israel, como tantos querían que hiciera. En cambio, morirá en una cruz romana y llevará el peso del mal de la humanidad, quebrando su poder y abriendo el camino a la libertad. Como Mesías, Jesús es Dios liberando a su pueblo.
Juntos, estos tres títulos revelan a Jesús como un rey ungido que bendecirá a todas las naciones. Jesús cumplirá la promesa de Dios de traer esperanza al mundo. Jesús es el rey cuyo reinado nunca terminará. Al final del Evangelio de Mateo, este nuevo Rey dirá: «Se me ha dado toda autoridad en el Cielo y en la Tierra…». Y sus seguidores le creerán porque lo vieron morir en una cruz y resucitar de una tumba. Su resurrección será su mayor acto de liberación. Él es el escogido que trae libertad eterna a los que están esclavizados al pecado y a la muerte.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que cumple sus promesas y obra a través de la historia para llevar a cabo sus propósitos. Y a Jesús como el Rey que nos hace libres.


