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devocional

1 Samuel 13-15

Dios rechaza a Saúl

En 1 Samuel 13-15 vemos que, mientras que Saúl rechazó la palabra de Dios, Jesús fue la palabra de Dios vivida a la perfección.

¿Qué está pasando?

1 Samuel 13-15 responde a la pregunta: «¿Por qué rechazó Dios a Saúl como rey?».

La respuesta más sencilla es que Dios rechazó a Saúl porque Saúl rechazó a Dios. Más concretamente, Saúl rechazó la palabra de Dios entregada por Samuel, el profeta de Dios. Justo antes de la batalla de Saúl contra los filisteos, Saúl no espera a Samuel como se le había indicado. En cambio, Saúl desobedece y ofrece un sacrificio por su cuenta (1 Samuel 13:9).

Como Saúl se niega a escuchar a Dios, Samuel le dice que ha perdido la esperanza de una dinastía eterna en Israel (1 Samuel 13:13). Su hijo Jonatán no se sentará en el trono después de él, sino que lo hará alguien que sea «conforme al corazón de Dios» (1 Samuel 13:14). Es una lástima, porque Jonatán habría sido mejor rey que Saúl.

Con menos hombres y peor armado, Jonatán entra valientemente en batalla, confiando en Dios contra toda probabilidad (1 Samuel 14:6). Al mismo tiempo que Jonatán escucha a Dios, Saúl reemplaza al profeta de Dios por Ahías. Este es nieto del sacerdote infiel Elí y sobrino de Icabod, cuyo nombre significa literalmente «la gloria de Dios se ha ido» (1 Samuel 14:21). Saúl se ha rodeado de personas opuestas a la voz de Dios.

Mientras que la fe de Jonatán en Dios le asegura una victoria milagrosa (1 Samuel 14:14-15), Saúl se lanza a la batalla y, de manera precipitada, impone un ayuno entre sus soldados sin consultar siquiera a su falso sacerdote (1 Samuel 14:19, 24). Su liderazgo impulsivo hace que el ejército hambriento de Israel termine pecando cuando finalmente come (1 Samuel 14:33).

Aún más trágico: cuando Saúl por fin intenta orar, Dios se niega a responder (1 Samuel 14:37). Y en lugar de reconocer su propio pecado, Saúl culpa a Jonatán del silencio de Dios e intenta matarlo (1 Samuel 14:44-45). Todos estos problemas se repiten en la batalla de Saúl contra los amalecitas, cuando Saúl desobedece otro mandamiento de Dios (1 Samuel 15:9).

Cuando Samuel lo confronta, Saúl finge que sus motivos eran honorables (1 Samuel 15:21). Pero Samuel le dice a Saúl que no ha entendido lo esencial: Dios quiere su obediencia (1 Samuel 15:22). Y el reiterado fracaso de Saúl en obedecer significa que el reino le será arrancado de las manos y entregado a alguien más digno (1 Samuel 15:28).

¿Dónde está el evangelio?

Dios rechazó a Saúl porque Saúl rechazó la palabra de Dios. La historia de Saúl debe hacernos anhelar desesperadamente un Rey que comparta el corazón de Dios y escuche la voz de Dios (1 Samuel 13:14).

Este nuevo Rey necesita actuar en oración, no reaccionar impulsivamente. Este Rey necesita asumir la responsabilidad por los pecados, y no echarle la culpa a otro. Este Rey necesita alimentar a su pueblo, no hacerlo pasar hambre. Este Rey necesita aceptar a Dios y su voluntad en lugar de rechazarla cuando se vuelve difícil. Este Rey necesita escuchar a Dios y su palabra para saber cómo y cuándo sacrificar.

Y ese Rey es Jesús. Jesús obedeció la palabra de Dios y cumplió todos los mandamientos (Mateo 5:17). Su corazón y el corazón de Dios son el mismo (Hebreos 1:1-2). Jesús no hizo nada sin esperar en oración la dirección de Dios (Juan 5:19). Como un buen líder, asumió la responsabilidad por pecados que él no cometió (2 Corintios 5:21). Jesús aceptó la palabra de Dios incluso cuando eso significó sacrificarse a sí mismo (Lucas 22:19, 42). Saúl rechazó la palabra de Dios, pero Jesús fue la palabra de Dios vivida a la perfección (Juan 1:14). Y ahora Jesús reina para siempre a la derecha de Dios (Hechos 7:56).

Así que no seas como Saúl, que perdió el reino de Dios. Acepta la palabra de Dios: tanto sus mandamientos como su Palabra hecha carne en Jesús. Cuando aceptamos al Rey Jesús, recibiremos un Reino que dura para siempre.

Compruébalo tú mismo

Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que ama la obediencia. Y que veas a Jesús como nuestro Rey obediente que reina para siempre.

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