¿Qué está pasando?
Desde el libro de Jueces, los líderes de Israel no han hecho más que empeorar. Pero el pequeño Samuel pronto reemplazará el liderazgo impío de Elí y de sus hijos, Ofni y Finés (1 Samuel 2:12).
Los hijos de Elí roban las mejores porciones de los sacrificios de Dios y amenazan a cualquiera que intente detenerlos (1 Samuel 2:16). Samuel, en cambio, sirve humildemente al Señor vestido con túnicas que su madre le hacía con amor (1 Samuel 2:18-19). En respuesta, Dios bendice a Samuel, pero promete destruir a Ofni y a Finés (1 Samuel 2:25b-26). Para confirmar los propósitos de Dios, aparece un profeta y le dice a Elí que su familia pronto morirá y que sus últimos años los pasarán en pobreza (1 Samuel 2:31, 36).
Luego, después de décadas de silencio, Samuel escucha hablar a Dios. Y escucha con humildad (1 Samuel 3:1b, 10). Ya en Deuteronomio se nos dice que los profetas son quienes escuchan la palabra del Señor y la comunican a otros (Deuteronomio 18:18). Dios está llamando al joven Samuel a ser el próximo profeta de Israel. Y la palabra que el Señor le da a Samuel es la misma palabra de destrucción que le había anunciado a Elí en privado (1 Samuel 3:14). Ahora Elí sabe que Samuel lo reemplazará como líder de Israel, y pronto toda la nación también lo sabrá (1 Samuel 4:1a).
Ofni y Finés mueren rápidamente en una batalla contra los filisteos. El arca del Pacto, el lugar donde se suponía que habitaba la presencia de Dios, es capturada (1 Samuel 4:11). Elí, el guardián del arca, muere tan pronto como escucha la noticia, dejando a Samuel listo para ocupar su lugar (1 Samuel 4:18). Todas las palabras de Dios se han cumplido.
¿Dónde está el evangelio?
La caída de Elí y el ascenso de Samuel al poder dependieron de cómo respondieron a las palabras del Señor. Elí, por no obedecer ni enseñar a sus hijos la palabra del Señor, es humillado. Pero Samuel, aunque nunca antes había escuchado la palabra de Dios, escuchó con humildad y fue exaltado (1 Samuel 3:7).
Esta idea de que el derecho a liderar a Israel está ligado a escuchar y obedecer la palabra del Señor es un tema central en todo el libro de Samuel. Los dos personajes principales de este libro, el rey Saúl y el rey David, se levantarán y caerán según cómo respondan a la palabra de Dios en boca de sus profetas, de los cuales Samuel es el primero.
Y en el libro de Hebreos se nos dice que Jesús es el profeta final de Dios (Hebreos 1:2). A diferencia del pasivo Elí —pero muy semejante al fiel Samuel—, Jesús nos comunica perfectamente la palabra de Dios (Hebreos 1:3). Así que ahora, nuestra humillación o nuestra exaltación depende de cómo respondamos a Jesús, la Palabra de Dios hecha carne (Juan 1:14a).
Y así como Samuel representó el reemplazo de un sistema religioso corrupto que se aprovechaba de sus miembros, Jesús y su Reino representan el fin de todo sistema y pensamiento corrupto, y de todo poder oscuro (Colosenses 2:15). Jesús es prueba viviente de que, aun si nuestra humildad nos lleva a la muerte, son los humildes los que serán exaltados y los soberbios los que serán derribados. Así que no seas como Elí y sus hijos, que con soberbia abusaron de la palabra y de los mandamientos de Dios para su propio beneficio. En cambio, humíllate ante la palabra del Señor. Jesús promete que, cuando escuches su voz, serás exaltado.
Compruébalo tú mismo
Que el Espíritu Santo abra tus ojos para ver al Dios que habla. Y que veas a Jesús como la Palabra del Señor que levanta a los humildes y derriba a los soberbios.

